martes, 30 de diciembre de 2014

Balanceo constante. suma y sigue.



Empujar, tirar de uno mismo, caerse y levantarse. Una y otra vez, es una constante que no puede ni llegar a ser aburrida porque es la tónica de cada día. Pero la tónica premium. Porque lo más fácil es dejarse caer, y sumergirse en el fondo, y arrastrarse. Y cuando llevas tiempo en el fondo, te aburres tela marinera, y quieres salir a flote, y sacar la cabeza para respirar y encontrarte de vez en cuando con una isla desierta nueva que explorar. De esas pequeñas de las típicas viñetas de cómic, dónde tan solo hay una palmera y como mucho una piedra. Tomas aliento y te sumerges otra vez, intentando buscar otra.

Han pasado tantas cosas en este último año que sería una locura hacer balance. Gané templanza, calma, sosiego. Me conozco y me valoro más que nunca. Y sobre todo, me entiendo. Y os entiendo. A todos aquellos que tenéis vuestra vida y la compartís conmigo en pequeñas pinceladas. También a los que estáis ausentes tanto queriendo como sin quererlo. Al chico de los ojos azules que a este paso se va a pasar la vida buscando lo que tiene delante dejándolo escapar. A vosotras que no estáis, pero estáis con vuestros menos que más, pero solo queda acostumbrarse. He retomado amistades que estaban dormidas por falta de encuentros, y he dicho hasta aquí a otras que eran un cáncer. Barrer pero para afuera. Aprender a valorar que esto es lo que hay, y a sacar fuerzas de dónde no quedan ya para disfrutar de los pequeños momentos. Que los encuentros más inesperados están fuera de casa y hay que provocarlos. A desconectar del trabajo, sea jefa, empleada o la última mona. Que para mona yo y al que no le guste que no mire. Que muchos deben ser vampiros y se ve que no se ven a ellos mismos en los reflejos de un espejo. Dejar de odiar, y comprender que no era el momento ni el lugar, pero con los ojos también se sonríe aunque haya un infierno de por medio.

Provocar las ganas. Que haberlas hailas. La paciencia que es la madre de todas las ciencias. Y quererme a mí misma y echarme flores que solo me queda una abuela. Sacar el lado positivo de las derrotas profesionales y amorosas. Porque lo bueno dura poco y las frases hechas están ahí por algo. Y creer en uno mismo , porque hay mucha gente que no cree en nada porque tiene miedo de todo.

Respirar, las verdades y las mentiras. Crecer y madurar, con alma de adolescente. Porque hay tiempo para todo, para las risas y para los llantos. Porque de saber retroceder un par de pasos para verlo todo desde otra perspectiva se aprende y se consigue. Y la vida no es fácil y nadie más que uno mismo debe aprender a vivir y disfrutar.

Porque sonreír no cuesta nada. Feliz 2015. Y si no es feliz, es porque no sabes encontrar el lado bueno de las cosas, y la vida está llena de zancadillas, de las cuales puedes saltarlas o caerte y levantarte.

Espera, disfruta, piensa, créetelo y sobre todo sonríe.

lunes, 15 de diciembre de 2014

Si estás amargado no es mi problema.

Coges aire, cuentas hasta 3 durante veinte veces seguidas, y le echas valor. Con voz baja y cuidadosa por tu boca se escapa esa pregunta que llevas todo el día pensando cómo formularla sin que suene hiriente.
- ¿Estás enfadado... o te pasa algo conmigo?

De pronto el receptor sin mirarte a la cara ni un segundo suelta un rotundo no, y lanza una pregunta a la que podrías dar muchos matices.
- ¿Por qué?

Así que tú empiezas a hacerte pequeña, porque no sabes qué ni cómo contestar. Y sueltas con boca pequeña...
- Estás muy raro estos días.

Inmediatamente, el mismo receptor sin pestañear ni mirarte a la cara ni un solo segundo, contesta con esa voz de "voy a mantener el control pero estoy cagado, a ver como salgo de esta".
- Ah nada, son cosas mías.

Inmediatamente después el silencio  inunda toda la habitación, y a los pocos minutos antes de la hora me invita a irme cuando quiera.

No existe cosa peor que la incertidumbre. El no saber es lo que mata por dentro. Los problemas que vengan, sean como sean, siempre se piensa como mínimo un plan para saber cómo comportarnos ante ellos. Como si no queremos adoptar ninguna postura, pero somos conscientes de que habrá unas consecuencias, sean favorables o no. Pero el silencio, el no saber qué pasa, hace que no sepas qué rumbo tomar, ni si hay que tomar una dirección, sentarse a esperar, o huir. No saber la verdad, es lo que nos desquicia. La espera es horrible. En todas las situaciones es igual de jodida.

En este caso, todo lo que estaba siendo estupendo y maravilloso, ha dado 487 pasos hacia atrás. Todas esas palabras maravillosas que tenía sobre mi trabajo y mi jefe se han esfumado en la última semana, y sin saber por qué. Que si uno tiene problemas, y tiende a pagarlos con quien ni pincha ni corta, no es mi problema. Que si el error entonces soy yo, échale cojones y dime qué es lo que está pasando, en qué estoy fallando, pero no te lo calles como una puta, y descargues en contra mía porque al igual que me toman como diana, puedo ser la máquina que dispara las bolas de tenis y darte de lleno.
Que no se me valore es una cosa, pero que se me intente hundir con comentarios, pequeños pero constantes, sobre mi manera de hacer mi trabajo, cuando llevo dos meses preguntando como se hace todo, y cumpliendo todo a la perfección, es algo que mi cabeza no tolera. Y me frustro. Y si me frustro, no sé por dónde tengo que tirar. Dudo de si lo que hago está bien o mal, ni sé cómo mejorarlo o mantenerlo. Los jefes son jefes. No son colegas. Tengo que meterme eso en la cabeza, a pesar de que cuando yo era jefa, para nada era así, y el ambiente de trabajo era inmejorable, y el negocio iba bien. Pero cada persona es un mundo. Y parece que a algunos el cargo de jefe se le viene demasiado grande. El empleado no es tu criado. Es tu empleado, trabaja al igual que tú, y si no deberías plantearte que quizás no vales para ser jefe o tener a empleados a tu cargo.

Los camareros también somos personas, no somos criados, ni de los clientes ni de los propietarios. Y también tenemos días de mierda y nos jodemos y ponemos buena cara, porque a alguien que venga a tomarse algo, le importa una mierda si yo estoy bien o mal, solo quiere tomarse un café y que le pongan buena cara. Y si quieres que vaya a trabajar, y haga eso, entonces mi ambiente laboral debería ser al menos, correcto. No machacando contínuamente. Llevo una semana con la incertidumbre de cuando salgo de mi casa, de qué humor estará hoy mi jefe. Y tengo hasta miedo de entrar y decirle un simple hola hasta que no me veo en el momento y no me quedan más narices que apechugar. Pero me conozco, y si esto fuese siempre asi, me acostumbraría a ir a hacer mi trabajo todos los días y ya. Pero como de primeras conectamos bien, si ahora tienes problemas con tu novia, el curro no va como esperaba porque tampoco haces nada nuevo, y estas fechas a ti no te benefician, porque no abres ni los fines de semana ni festivos ... amigo, no se puede tener todo en esta vida. 

martes, 9 de diciembre de 2014

Como te lo digo te lo cuento.

El momento y los lugares adecuados. El tiempo en el que debes vivir. La edad. La frescura. Las ganas de, sonreír por, disfrutar. Esperar a, querer que, sonreír. Dosis de positivismo. El aquí y ahora, la predisposición, el presente continuo de paso firme con los pies en el suelo.

Y mientras tanto suben los cosquilleos, aparecen las risas unas tras otras, y lo más importante, las contagias. La importancia del saber estar, de saber qué se quiere, y de reaccionar. Administrar las horas para tener tiempo para disfrutar y aprender. De lo bueno y de lo malo. Dejar que pasen los días viviendo. Y pensar en uno mismo, y tirarse flores. Porque las piedras ya caen solas. Dejar un rastro, bueno, como cuando se acercan y dicen que qué bien hueles. Pues lo mismo, pero en las almas. Reconocer los errores, pedir disculpas por muy pequeñas que sean, y agradecer, Ante todo educación. Y ante todo buena cara en la medida de lo posible. Siempre hay alguien al que se le contagia tu sonrisa en un día de mierda, y con ello ya merece la pena.

No es fácil, pero si se intenta sale.



sábado, 6 de diciembre de 2014

Full moon.

No cuento contigo. Pero apareces. Y estamos de buen humor. Y esos ojos azules vuelven a las andadas para hacerme sonreír, bailar, vivir. La diferencia es que ahora sé la importancia que debo darle, y simplemente disfruto del momento. Como una buena serie que está siendo mi vida. Hay épocas de dramas, y hay épocas como esta de delirios incontrolables sanos. Incluso esos ojos han llegado a pedirme que volviese a su casa. Pero esta vez he rechazado la oferta. Sin garantías no voy a perder el tiempo para nada. Y es el primer puente que disfruto, y ha empezado con ganas. Veremos qué nos depara hoy la luna llena. Tengo una teoría, probada científicamente por mí misma (y a mi con eso ya me vale) de que la luna llena afecta, y sobre a todo los tios. Así que esta que cuadra en sábado, y en puente, y con frío y me arrimo presiento que puede llegar a ser interesante. Que no implica ni para bien o para mal, pero simplemente interesante. 


martes, 2 de diciembre de 2014

Siéntate. Observa. Y respira.

Nada más levantarte de la cama, sabes que no va a ser un buen día, ya que tu predisposición es nefasta. Todo sale cruzado, los ánimos están por los suelos, no apetece nada, simplemente que pase el día, y volver a meterse en la cama. Pides a gritos sordos que te escuchen, que te apoyen, que te entiendan y sobre todo que te hagan sonreír. Y si hay suerte eso ocurre. Y sin quererlo, lo agradeces con unas buenas carcajadas, una buena terapia de choque y un aire calmado en el ambiente. 

Bien, cuando eres la persona que anima, escucha, apoya, ayuda y hace sonreír a ese alguien que lo necesita, se convierte en algo reconfortante y recíproco. Hacía mucho tiempo, que no sentía ese "sentirme útil", debido a que estaba agotada mentalmente, intentando levantar cabeza, así que el hecho de levantar la cabeza a otro ser necesitado era totalmente imposible. Pero hoy ha ocurrido. Y volvemos a esa compenetración con mi jefe. Todo se está poniendo en orden, y lo que está pasando no son calentones y sentimientos, si no la reciprocidad de pasar muchas horas seguidas con una persona que te aporta un bien común. Tanto a la hora reconfortar, como de ser reconfortado. Ahora solo recuerdo una situación similar, que me pasó hace algunos años con mi amiga Vir. Nuestra amistad surgió sin querer, en un momento en el que las dos nos necesitábamos, nos apoyábamos, y nos comprendíamos, y para ello queríamos conocernos profundamente, hurgando en nuestras entrañas, para sacar a flote el lado bueno de las cosas. Porque todo tiene su lado bueno, solo hay que poner un poco de ganas y de intención, y posiblemente alguien que nos tienda una mano con fuerza y no la suelte. 
Volvemos a lo mismo de siempre. Necesitamos renovarnos cada cierto tiempo. Eso incluye renovar amistades, sin olvidar a los de siempre. Pero los de siempre están tan cansados de nosotros, como nosotros mismos. Saben como tienen que tratarnos, qué decirnos, y reciclan frases repetidas por los siglos de los siglos. Para ello están las nuevas amistades, que dan un suspiro renovado, un punto de vista ajeno a todo, puesto que nos van conociendo sobre la marcha, y por mucho que les contemos a grandes rasgos nuestra vida, de principio nos crean esa sensación de abrirse los ojos y esbozar una sonrisa sincera  y escuchar como por su boca salen las palabras en su justa medida, sin prisa, pero sin pausa, a plomo. Que sin contarles lo que pasa por tu propia mente, saben de lo que estás hablando. O al revés, notar como estás diciendo lo que esa persona necesita, y queriendo ocultarlo, notas que te lo está agradeciendo, y que se han soltado esas manos que le apretaban el cuello.
Nos metemos en una rutina tan grande, que nos olvidamos de apreciar las pequeñas cosas que tenemos delante, y que hacen que los días merezcan la pena. Perdemos tanto tiempo arrastrando problemas, que vamos haciendo cada vez más grandes esa bola hasta que nos quita el aire. Vivimos demasiado deprisa, sin contar que el tiempo no pasa ni más rápido ni más despacio, simplemente debemos pararnos para disfrutar de un momento. 
Porque hay un momento. Siempre ha un momento.

domingo, 30 de noviembre de 2014

Surfeando las olas.



A día de hoy soy más de series que de películas. Y me gustan los capítulos que enganchan hasta la semana que viene.


Existen ciertas personas que captan nuestra total atención tan pronto las vemos. E inexplicablemente tienen ese maravilloso poder de que con su sola presencia nos hacen sonreír y nos dan ese pequeño punto de nerviosismo maravilloso que nos revoluciona y nos hace sentir vivos. Tengo una debilidad por los jovenzuelos con esas melenas rubias que pongan como se las pongan siempre están espectaculares. Y evidentemente no lo oculto. Esto provoca que el susodicho en cuestión acabe siendo consciente de ello a pesar de que nunca hayamos hablado en la vida. Pero esta noche me hicieron una encerrona. Lo invitaron a un chupito de mi parte, y yo en ese preciso momento quise que se abriese un agujero enorme y se me tragase la tierra. La mejor/peor opción que se me ocurrió fue salir de allí, porque todas las miradas se enfocaron en mi. Así que la excusa perfecta es salir a fumar un cigarro, corriendo, huyendo como si no hubiese mañana hasta que en mitad de mi camino se planta su sonrisa de oreja a oreja, con esos ojazos seductores y esa boca que me la comía entera, la cual pronunció mi nombre acompañado de un gracias lleno de razón. Y yo, gilipollas de mi, no se me ocurre mejor cosa que tocarle un hombro y sonreír mientras seguía huyendo. Ese cigarro me supo a gloria, porque una vez fuera, la sonrisa que se me puso en la cara todavía no se me ha quitado. Pero esto no acababa más que de empezar.


Llegó la hora del bailoteo, y aunque no soy nada fan del pachangueo que hay ahora en todos lados, reconozco que en un bar de rock, sería imposible que pasara esto. Una mano me agarra y me empieza a dar vueltas y vueltas, que ahora voy, ahora vengo, ahora me pongo detrás tuya agarrándote fuerte, ahora tu cara está pegada a la mía, sonrisa va, sonrisa viene. Y aparece el deseo, el calentón, las ganas de todo y de nada a la vez. El querer que se pare el mundo. Los abrazos. Qué bien huele el jodido. Los olores son parte de la clave. Y un me tengo que ir que lo paró todo. Ni era el momento ni el lugar. Pero como bien dije, me encantan esos capítulos que dejan esa tensión toda la semana hasta que llega el siguiente. Porque las películas, al fin y al cabo, aunque de entrada son más largas, siempre se sabe como acaban. Los capítulos pueden crear temporadas cojonudas.



miércoles, 26 de noviembre de 2014

El primer paso es reconocerlo.

El buen humor sigue presente, en cada mirada, cada gesto y cada palabra. Y lo mejor de todo, es contagioso. Siempre gusta que te asocien con muchas cosas positivas. Llevo unos cuántos días en los que he hecho un parón, para poder meditar sobre mi. Y después de unos cuantos sueños, y unos cuantos hechos hoy ha pasado algo curioso. Mi nuevo jefe tiene tres años menos que yo y la verdad que tiene un buen par de meneos. En los últimos tres meses mis ex más importantes han hecho una serie de apariciones que me provocaron un batiburrillo mental, y el decirme a mi misma, hasta aquí. Apaguemos el interruptor de los sentimientos temporalmente. Al chico de los ojos azules, que aunque no es un ex, me tenía taladrada la cabeza, también lo he aparcado.
Lo que venía diciendo es que mi jornada laboral consiste básicamente en pasar 5 días a la semana con mi jefe, mano a mano, de risas, cachondeo y por qué no ... cierto tonteo. Desde hace poco más de un mes que llevo en este nuevo trabajo, la evolución de nuestra relación ha sido brutal. Hasta el punto de que nos parecemos mucho, tenemos el mismo humor, congeniamos "demasiado" bien, y flirteamos sanamente. Al trabajar dos en una barra siempre hay unos roces, por mínimos que sean, y es inevitable que en un momento de lío, hay un roce de culo o algo similar sin malicia. Y siempre va acompañado de un perdón por ambas partes. Lo típico de cuando conoces a una persona que evitas el contacto físico por falta de confianza. Yo soy una persona muy expresiva, y como digo yo, "tocativa". Me gusta tocar cuando estoy hablando con alguien, cuando vacilo de risas. Me refiero a un toque en un hombro por ejemplo para captar toda la atención supongo. Pero ahora ya la cosa ha evolucionado, a que él me agarra de la cintura cuando quiere apartarme para pillar algo, y yo a él también claro. Son pequeños detalles, sin importancia si fuésemos colegas de toda la vida, pero se está creando una cierta tensión. Buena por supuesto. La última hora del día, como no hay mucho lío, nos sentamos cada uno a un lado de la barra y hablamos. De nosotros, supongo que por eso nos estamos conociendo más. Todos los días me pregunta qué tal estoy. Puede resultar algo absurdo, pero muy pocas personas me preguntaron a los largo de mi vida como estaba, y menos todos los días. Aunque suene a rutina, no lo es, porque no es "Hola, cómo estás?", si no que me lo pregunta  lo largo de la tarde. Yo no suelo ser la primera que se lo pregunto. Pero sí que noto mucho cuando tiene días malos, y ahí es cuando me intereso. Y evidentemente no tenemos la confianza como para contar libremente lo que nos pasa, pero hoy me lo encuentro frente a mi, sentado en la barra, contándome que no estaba en una buena época. Sin saber de qué me hablaba, le he soltado un par de frases, que le han marcado y fue como leerle el pensamiento. En ese preciso momento,se me ha quedado mirándome a los ojos y me he acordado de que esta última noche soñé con él. Y soñé que me besaba apasionadamente después de llevarme de compras a no sé dónde. Así que en ese momento no sé qué cara he puesto, pero me puse a recoger cosas por la barra, mientras él se quedó embobado mirándome. Y era ya hora de irme, así que me dijo que si quería podía irme. Le dije que no, que me quedaba un rato más. Hasta que llegó un amigo de él, y ahí si que ya dije... es la hora.
No voy a darle más importancia a esto de la que tiene. No hay sentimientos, no hay nada. Es un terreno peligroso, pero me he dado cuenta de que por mucho que yo me empeñe en ser de piedra, sí que tengo ganas de las tonterías típicas de estar con alguien rodeados de gente, y sentir que estamos solos y que nos da todo igual.
El amor ... el deseo ... y los calentones!!!

jueves, 20 de noviembre de 2014

El placer de dormir con la conciencia tranquila.

Todo en orden. Estable. Sin miedos. No hay tiempo para pensar demasiado. Posiblemente por ellos está todo tan calmado. En el fondo sé que hay algo que quiere salir, pero no sé ni de qué se trata. Se aprovechan más las horas, y los días rinden mucho más, a pesar de que las semanas se pasan volando. La rutina, los horarios, son los que provocan esto. Y el estar a gusto. Se dice que cuando uno está a gusto, el tiempo pasa mucho más rápido. Pero dormir todas las noches con la tranquilidad de que se ha aprovechado el día y de que todo está en orden, es una sensación totalmente nueva. Supongo que el venir de una época llena de conflictos (digo época porque decir desde siempre asusta un poco), ayuda a verlo todo de otro modo. Más calmado. Los pequeños detalles son los que importan. Un guiño, una sonrisa de los clientes, una pequeña propina, un agradecimiento por tu trabajo, y sobre todo el comentario más repetido: la chica que siempre sonríe. Me gusta que se vuelva a decir eso. Porque sí, cuando tenía mis 15 años,  pesar de ser una época "tenebrosa" yo sonreía y disfrutaba de los buenos momentos, y siempre estaba de cachondeo, y y de aquellas me decían: siempre estás sonriendo. Y soy consciente de que eso se había perdido. Pero ha vuelto. Yo he vuelto. Con más experiencia, con más cabeza, con los pies en el suelo. Lo malo ya no se percibe tan malo y lo bueno sabes que son pequeñas pinceladas de todos los días, a las que te tienes que agarrar para que día a día consigas hacer unos trazos firmes y positivos.

Disfrutar con mi trabajo, conociendo a gente nueva, teniendo el apoyo de la gente de siempre, es impagable. Para todo lo demás hay tiempo.Y si no llega, lo días pasan tan rápido que hay que amargarse lo justo y necesario. Esto es fácil de decir,sí, pero son rachas que hay que valorar. Y ya me tocaba una época de tranquilidad.

  Y que dure...

jueves, 13 de noviembre de 2014

El 12 del 11. 16 años.

Esas malditas frases del tiempo en el momento que te las dicen son una auténtica basura, porque no reconfortan absolutamente nada. Te las dicen y te dan ganas de darle un tortazo al que te lo suelta. Y cuando uno mismo se las dice a alguien, a mi al menos me dan ganas de pegarme a mí misma. "El tiempo lo cura todo". "El tiempo pone a cada uno en su sitio". "El tiempo te dará la razón". El tiempo ... el hijo puta pasa cada vez más rápido, haciéndonos más sabios (a algunos, otros siguen igual de estúpidos, o más que siempre).
Estoy en esa época en la que me sorprendo a mi misma diciendo "hace 10 años ya de eso..." y miro hacia arriba, o hacia un lado, buscando la nada y visualizando en mi cabeza un montón de recuerdos enlazados imposibles de enumerar verbalmente.  Y todo lo que pase de más de 15 años, te pega un vuelco en la cabeza, en mi caso, porque ya hablamos de más de la mitad de mi vida. Y efectivamente, ha llegado ese momento en el que llevo más tiempo de vida con mis padres separados, que con ellos juntos. Sé que me prometí a mi misma no volver a profundizar en el tema en cuestión, pero la sensación que me produce ese recuerdo, no es mala. No sabría como explicarlo de una manera exacta, se trata de un visionado entero y perfecto de la evolución de mi personalidad. Es inevitable el plantearse como sería yo si ellos no se hubiesen separado. Pero a los 5 segundos se me quita la idea de la cabeza, porque sé que no llegaría a ser como soy. Me gusta mi carácter, me gustan los retos, echarle agallas a todo, y al mismo tiempo esa sensación de flojera previa a cada momento importante que me hace ver que no soy tan de piedra. En definitiva, las fechas, son solo eso, fechas que recuerdan momentos. Y en este caso sí que es verdad que el tiempo lo pone todo en su sitio, y no lo cura todo, pero vamos aprendiendo a convivir con los traumas y las dificultades.

Progresando adecuadamente.

domingo, 9 de noviembre de 2014

Los 30.

Ha terminado esta semana y media llena de celebraciones. La entrada a los 30 ha sido a lo grande y con buen pie. Pasaban los días y me encontraba con felicitaciones y con regalos totalmente inesperados, de gente que por primera vez en mucho tiempo se ha esmerado. Debo destacar dos celebraciones demasiado curiosas y que me han hecho pensar profundamente. La primera, y siento (o no), decir que fue tremendamente genial. Una cena con toda la gente que me rodea actualmente, y que siempre está presente, que me han demostrado que lo están mucho más de lo que yo me esperaba. Muchas risas, muchos regalos chorra y no tan chorra, y en general muy buen ambiente.


Una tarta espectacular, y debo decir que el día fue mucho mejor de lo que me esperaba. A pesar de que apenas estuvo ninguna de mis amigas, porque se dio la casualidad de que todas tenían algo mejor que hacer. Y por lo que se ve, el juntarnos incluso en fechas importantes, ya no resulta tan "importante".
A lo largo de toda esta semana llegaron las felicitaciones tardías, y las sorpresas como cartas, bombones, y visitas al trabajo de gente que merece la pena.
Ayer, por decisión de ellas, tuve cena con las niñas.




No sé por qué tenía el presentimiento de que no iba a ser una buena noche. Era una quedada por cumplir, sin ganas, y sinceramente, prefería haberme quedado en mi casa porque no tenía ni ganas de salir este fin de semana, que entre arrastrar horas de sueño de toda la semana y el curro, estaba realmente agotada. Y al fin y al cabo, así fue. Una cena más, que se convirtió en algo muy serio, con conversaciones que no eran el momento de sacarlas, pero que claro, al no juntarnos, pues se sueltan cosas cuando se puede no cuando se quiere.

De todos modos, tengo un debate extraño en mi cabeza. Mis amigas están en un momento en el que la mayoría llevan tiempo con sus novios, algunas viven con ellos, y digamos que están más asentadas. Aunque en mi cabeza el estar asentada no va ligado a "somos un muermo". Y para mí, el tener 30 años, no me cambia nada. Quiero seguir siendo extrovertida, de hecho gracias a ello, pude celebrar uno de los mejores cumpleaños con mucha de la gente que conocí más a fondo este último año, que la gran mayoría son mucho más jóvenes que yo, pero por lo menos están con ganas de vivir, no con ganas de aburrirse. Quiero seguir soltando burradas como la que más, y reírme a todas horas. Tener conversaciones serias cuando hay que tenerlas, no colarlas cuando no es el momento. Y estar con la gente cuando me apetece, no por obligación. Siguen siendo ellas, y las quiero como a las que más, pero echando la vista atrás, siempre tuve otro grupo de gente con los que moverme que me aportaban muchas cosas más afines a mi, de lo que me pueden aportar ellas.
En definitiva, en estos momentos, estoy rodeada de un montón de gente que me aprecia, tengo un trabajo en el que me tratan como a uno más y cuentan mucho conmigo, y me aprendemos tanto ellos de mi como yo de ellos, y me siento con ganas de disfrutar el tiempo. Que una cosa es que yo me vea con ganas de pasármelo bien, y otra es que no tenga la cabeza amueblada y no sea consciente de que 30 años, son muchos años, llenos de muchas experiencias. Pero gracias a esas experiencias, tanto a las buenas como a las malas, siempre diré lo mismo: estoy muy orgullosa de cómo soy, de dónde estoy y de cómo estoy.

lunes, 27 de octubre de 2014

Las cosas claras y tonterías las justas.

El tiempo pasa rápido. Los miedos no existen y se tiene el control total de la situación siempre y cuando no te despistes ni un segundo. Empieza la rutina del trabajo, mezclado con el aprendizaje y el saber estar bien. Se aparta todo lo que nos nubla la vista. No hay tiempo para tonterías. Y ya han pasado dos meses. Los 30 están ahí, a la vuelta de la esquina. Y con ellos aparecen las ganas de todo. De hacer las cosas bien, de disfrutar de lo que aparece, y de controlar lo que no gusta. No importa ya quién esté o no. Importa quién quiere estar y no puede. Barres la mierda hacia afuera, y recoges con cuidado lo que realmente importa.

Faltan 2 días para los 30 ...

viernes, 17 de octubre de 2014

Cinco eternas horas esperándote para contártelo sin que tú supieras nada. Y apareciste, y como siempre nos hicimos los locos. Hasta que llegaste y me tocaste el ombligo. Y a los 5 minutos tu cara era de alegría al contarte la noticia: tengo trabajo !!! Y tengo los findes libres!! y sé que estuviste echando cuentas de mis horarios. Y ahí en ese preciso momento fue cuando nos vi a los dos. Compartiendo una vida juntos. Es de locos. Te estaba hablando y nos estaba imaginando en el sofá con el pijama puesto, con los pelos revueltos, durmiendo en tu cama, haciéndote el café por la mañana. ¿Cómo se para algo que quieres que suceda pero que está estancado? ¿Cómo se hace? ¿Qué se dice? Seguir esperando no es una opción, y arrancar es una frustración. ¿Te lo pierdes o lo ganas todo? ¿Te callas o hablas? ¿Actúas? ¿Cómo, cuándo, dónde?¿Hay un momento correcto para esto? Y si ya está perdido... ¿vuelve?

Tornado de preguntas sin respuesta. ¿Te quitas la idea de la cabeza o coges carrerilla para estrellarte pero de una jodida vez tener las respuestas?

Me tachan de flipada que se monta sus propias películas. Y quizás sea cierto. Posiblemente necesite llevarme un tortazo en toda la cara. Cuando te hacen daño tantas veces, a veces quieres retrasarlo tanto, que lo acabas perdiendo. Supongo que estoy esperando a verte con alguien y decirme a mí misma, se acabó. ¿Por qué no lo haces? ¿Por qué eres tan estúpido? ¿A qué coño estás esperando? Si es a que yo te diga algo no sé si tengo los cojones tan cuadrados como para hacerlo.

Al menos me quedo con el reto conseguido de tener trabajo a los 30. O espero que al menos dure dos semanas para confirmarlo !!!

Quedan 11 días ...

martes, 14 de octubre de 2014

Miyagui.

Perros, peces, pájaros, tortugas... cuándo era una niña siempre había algún animal en mi casa. Evidentemente la que se encargaba de ellos era la madre que me ha parido. Ella se divorció, y se fue, y cuando pasé mis años "como universitaria sin serlo", seguí su ejemplo, y tuve hámsters rusos. Muy cucos ellos, pero no duran más de dos años.
 Cuando volví a casa, hace 5 años, pasé por muchas fases de adaptación. Hace dos años, no estaba en una buena época. No salía de casa, estaba siempre con el pijama puesto, y si fuese yanki estoy segura de que sería de las que están sentadas en el sofá con una tarrina de helado tamaño XXL y una cuchara sopera todo el santo día. 
Hasta que llegó este día. 


Mi madre tiene una gata y trajo a esta preciosidad. Vino el sólo. Y yo también estaba sola. Y en este preciso momento nos juramos amor eterno. A partir de aquí mi vida cambió. Yo iba a ser la que lo iba a querer y a cuidar más que nadie en este mundo. Y él a mi también. Porque sí, porque nos lo merecíamos.



Y desde el primer día que llegó a casa, se abrazó a su mantita en mis rodillas, y comenzamos toda una aventura de mimos, maullidos, arañazos y sonrisas. Para aquellos que no tienen mascotas, sé que cuesta creerlo. Y yo siempre fui muy reacia a los gatos, me gustaban mucho más los perros. Pero la vida me hizo ser dura y en muchos momentos solitaria, a pesar de estar siempre rodeada de gente, necesito mi espacio. Y Miyagui es perfecto. Nos damos dosis dosificadas cuándo menos lo esperamos y más lo necesitamos. 


Y aquí está el capullo integral que se tira encima mía a los bestia cuando duermo la siesta metiéndome un susto de tres pares de cojones. Y yo le llamo gordo y el maúlla con fuerza, y vuelvo a llamarle super gordo y se pone a correr por toda la casa, jugando al "tú la llevas" hasta que se cansa y se pone en mis rodillas a dormir la siesta, hasta que lo despierto porque me duerme las piernas y le grito: gordo !!! Y vuelta a empezar. Y no lo cambio por nada el mundo.

Felicidades Miyagui !!! 

Quedan 15 días ...

jueves, 2 de octubre de 2014

105 años.




Esta mañana al despertarme, la primera noticia del día fue que la bisabuela se había marchado. La matriarca de una de las familias más extensas del pueblo aguantó 105 años y 8 meses. Especifico los meses porque al igual que a mi ahora los años me pasan a la velocidad de la luz, los cientos se tienen que pasar a paso de tortuga. En principio no puede ser un día triste. No se le puede pedir más. Fue dura de cojones la jodida. Y supongo que la raza también somos duros, ya que con diez hijos que tenía esta mujer, y a su vez estos tantos con una media de 7 hijos por cabeza, creo que no ha enterrado a ninguno de su familia. Todos los que se fueron era familia política. Para mí esto es un dato importante, puesto que me imagino que llega un punto en tu vida, que lo peor es cuando te ves en entierros de todas las personas cercanas. Y esta mujer mantuvo enteros a todos los de su familia, que no somos pocos. A partir de los 100 decidimos juntarnos en su cumpleaños para celebrarlos. Es raro juntarte con más de un centenar de personas, que sabes que son de tu familia, pero evidentemente no puedes tener trato con todos, ni acordarte el nombre de todos, ni de sus caras!! Una de las hermanas de mi abuelo vive en Madrid, y tiene 10 hijos, que a su vez tienen hijos, y alguno de esos también tiene hijos. Reconozco a dos que son gemelas, y simplemente porque son las únicas que hay en la familia, y no sé ni cómo se llaman, ni jamás crucé palabra con ellas.

Pero voy a reducirlo todo mucho más. A mi parecer , este entierro, creo que va a ser el único de familia cercana que debería ser el menos dramático. Se debería tomar como un homenaje. Pero las familias felices no existen. Y cuando alguien se muere, en seguida sale en marcha el runrun de las herencias.
Si lo reduzco todo al árbol genealógico directo familiar, de bisabuela, abuelo, nietos, bisnietos y tataranietos, a mi me toca ser la bisnieta. Pero como ella se ha ido, le toca el turno ahora a mi abuelo. Que es el que más me preocupa en toda esta historia, por el simple hecho de que yo a mi abuelo, lo quiero un mundo y más. Y ahora se le viene encima algo muy muy gordo que ni me molestaré en poner aquí. Porque los temas de las herencias son un asco. Y porque el pobre tiene unos hijos que cada cuál es peor. A veces pienso que de toda esta familia soy la más cuerda. Pero por desgracia también heredé alguna de esas taras.

Esto va a marcar un antes y un después en el equilibrio familiar. Inevitable por supuesto, y ya se retrasó todo lo que se pudo. Se avecina tormenta y creo que me voy a poner pingando.

A ti, no voy a arrepentirme de no haber podido aprovechar el tiempo contigo, pero me alegro de que por fin te dejen descansar en paz, 105 años, son demasiados años. 

miércoles, 1 de octubre de 2014

Octubre.

Este posiblemente sea mi mes favorito. El calor lo soporto muy mal, y el estar con una chaqueta (ojo, chaqueta, no abrigo) en una terraza de un bar con tus gafas de sol, mientras el sol calienta lo justo y necesario es impagable. La verdad que no recuerdo ningún octubre demasiado lluvioso. Es más, hace dos años, a mediados de mes, estaba en la playa con un día cojonudo. Lo que me recuerda que este año no la he pisado. Tampoco es algo que me preocupe.

Ahora empiezan todas esas series que sigues, las buenas y las malas, y no me siento desesperada buscando películas o series a las que engancharme todas las noches. Y eso que tengo unas cuantas importantes apartadas en la recámara, pero hay ciertos argumentos cansinos a los que necesito hacerles una tregua. Por ejemplo, estoy hartita de series de policías. Por eso en las 3 últimas semanas devoré Sons of Anarchy. Por eso, y por Teller que está de un buenorro que mete miedo. 



Pero lo más importante de este mes, supongo que es mi cumpleaños. Y todos los años me pasa lo mismo. Me creo expectativas demasiado altas, porque yo siempre fui detallista con mis colegas, pero se me olvida, que el que yo lo sea, no implica que ellos también. No es que alguna vez no se lo tengan currado, pero por norma general... visto visto, lo mejor es no contar con nada. Entiendo que para mucha gente, los cumpleaños les dan igual. Pero a mi, no sé por qué, me gusta cumplir años, y me gusta celebrarlo, y que la gente se acuerde de mi. 

Acaba de venirse a la mente una anécdota curiosa. Hace años me crucé con mi padre en el portal:
P- ¿A dónde vas?
Yo- A una cena de cumpleaños.
P- ¿De quién?
Yo- El mío. 

Sí, se había olvidado. Le volvió a pasar hace dos años. Se acordó dos días después. No me importaría, si no fuese porque precisamente ese año un mes antes, por el suyo, cuando llegó de trabajar al mediodía, se encontró con el comedor lleno de serpentinas, una comida especial y un postre hecho por mi. Así que... lo mejor es no esperar nada a cambio, y hacer las cosas por lo demás porque apetece. Pero eso no quita que no joda que ni si quiera se acuerden.

También existe el caso contrario. Hace dos días mi hermano me escribió al wass felicitándome. Fue muy gracioso cuando le di las gracias y le dije que se había adelantado un mes exacto, pero que como este año son los 30 suponía que lo hacía para recordármelo bien. Fue bastante gracioso la verdad. De esto que miras el móvil y te echas una buena carcajada!

El tema en cuestión, es que desde hace meses la gente no hace más que recordarme mis 30. Y la fecha se acerca, y todos mis planes de celebración se está yendo al garete. Y sinceramente ... los 30 sí que me apetece celebrarlos. 

Y lo más perfecto sería celebrarlo con el chico de los ojos azules, que cumple al día siguiente. Pero me da que haber dormido hace dos semanas, sola,  en su cama ya es suficiente regalo tal y como está la situación. Cada uno se consuela con lo que quiera. Lo importante es ser positiva. Y aunque no lo parezca, intentaré serlo. Al final, siempre me lo paso bien. Al final siempre hacen acto de presencia los que tienen que estar, del modo que sea, que es lo más importante. 

Cuenta atrás: 28 días...


lunes, 29 de septiembre de 2014

Un mes.

Septiembre se va, tan rápido como ha llegado. Ha sido un mes caótico, sin un minuto para respirar tranquilamente. Errores, miedos, fantasmas del pasado tanto buenos como malos, un trabajo pasajero, muchas dudas, mucha fiesta, demasiados pensamientos en la cabeza.

Exactamente dentro de un mes llegan los 30. El motivo por el cual me decidí a escribir este blog, que es el cuarto con el que me arranco a escribir a lo largo de mi vida, era poder plasmar un cambio de etapa después de un punto y a parte, más que evidente.

Viví demasiado tiempo anclada en el pasado y decidí que ya estaba bien, que hay que mirar adelante y crear recuerdos nuevos. La verdad que desde que tomé esta decisión, parece que cada dos días algo se pone delante de mis narices, haciéndolo todo mucho más interesante. O quizás soy yo, que estoy mucho más receptiva y positiva que en otros tiempos. Supongo que suele pasar cuando pasas por determinadas circunstancias que te curten la piel, y aprendes a centrarte en las opciones que tienes.

Ahora lo que me falta es echarle huevos, y esperar a que llegue el momento oportuno. Lo increíble es que los 30 me están dando más fuerza que nunca, y eso que todavía no han llegado, pero enfocarlos en positivo es un chute de adrenalina.

Empieza la cuenta atrás .... 30 Días para los 30.

viernes, 26 de septiembre de 2014

Más vale prevenir que lamentar.

Existe una sensación, que no sabes muy bien como explicar. Se trata de notar como por tu cuerpo fluye algo que te hace sentir reacia. Tampoco sabes en concreto a qué. Pero desde el primer momento, sientes que posiblemente, debas hacerle caso a esa sensación, aunque no sepas el por qué.

Y aquí es cuando aparece el tiempo de decisión, que quieres prolongarlo al máximo, pero sabes que si esperas demasiado, se te pasará. Así que notas como una presión constante en tu cuerpo. Sigue fluyendo esa mala sensación, con esa presión, provocando el llamado "me da mala espina". Cuando una espina se te clava, digamos que es algo muy molesto, que hasta que te la sacas, sigue latente, recordándonos que está ahí, que hay que sacarla. Pues con esto pasa lo mismo. Avanzas pero hay ese mal cuerpo pululando por tu mente, que te recuerda a esa espina ahí clavada, constantemente, y que te hace ver que quizás sean horas de sacarla.

Y así es como se toman las decisiones importantes, eligiendo la opción que no nos clava una espina en el culo constantemente.

Volvemos a empezar: He dejado el trabajo. Así que seguimos sin trabajo, con los 30 acechando. 


miércoles, 24 de septiembre de 2014

Yo aquí. Tú, donde te dé la gana.

Llevaba dos horas durmiendo cuando de pronto suena mi teléfono. Abro un ojo y veo que tengo un wass en el móvil de ese ser rastrero y mentiroso que me jodió la vida (tonta de mi, porque yo le dejé), durante 3 años. Se da la casualidad de que esta misma noche, hace 5 años, nos habíamos conocido. También se da la casualidad de que desde hace dos años nos hemos visto dos veces. Así que mis ojos se abrieron de golpe, leí lo que me decía, y me tomé unos segundos para ser consciente de si estaba soñando o era real. Y volví a releer su disculpa por todo lo que había hecho mal y lo que no había hecho bien. No iba ni a contestarle, no se lo merecía realmente. Pero recordé lo hermético que siempre fue, y supongo que el que lo hubiese hecho precisamente esta noche, me tocó la fibra sensible. Así que no me anduve con florituras y mi contestación se basó en que aceptaba sus disculpas pero eran totalmente innecesarias puesto que a día de hoy es un ser al que no conozco, y si algo bueno hizo, fue desaparecer. Por lo tanto alguien del que no sé que creer o no, no puede hacerme daño. Su nueva jugada inmediatamente fue la de contarme que estaba intentando salir de una depresión de caballo. Y mi contestación fue que para ello debería tratar de vivir el presente y no remover el pasado, centrándose en que haga lo que haga deje de salpicar a más personas que no tenemos culpa de sus traumas. Nos deseamos que nos fuese todo bien, y chao pescao.

A mi esto me demuestra una vez más, que siempre acabo teniendo la razón, aunque sea con el tiempo. Es una victoria que la gente me reconozca sus errores, a pesar de todo el daño que hayan hecho y ya esté curado. Más vale tarde que nunca, se suele decir. 




Los hermanos Salvatore en Crónicas vampíricas, hablan de que tienen la capacidad de apagar su humanidad. Yo lo hice con este personaje. Tengo recuerdos vagos, que pasan sin sentir absolutamente nada, como si no fuesen conmigo. Supongo que es lo que suele pasar, cuando abres los ojos y ves que te están engañando desde el principio, pero fuiste tan tonta que no querías verlo. Sí, a mi también me ha pasado. Pero espero que sea una y no más. 

Hay un momento para aprender a apartar lo que nos hace daño. Si se consigue, sobre la marcha todo se pondrá de nuevo en su sitio. Pero en el sitio correcto. 




martes, 23 de septiembre de 2014

La resaca del verano.

A falta de poco más de un mes para llegar a la treintena, es curioso como por tu mente empiezas a plantearte en serio, los caminos que quieres tomar en tu vida. Eres consciente de todo lo que es pasajero, y de lo que sigue estando ahí permanente. Y es el momento de pararse un momento, un momento muy largo, y pensar concienzudamente a donde dirigirte.

No te permites ya más dudas en ciertos aspectos. Es hora de tomar una decisión, de avanzar o de apartarse. Pero estar estancado no es una opción. El problema de decidirse en ciertos casos, es que apartarse es la manera más cobarde, y avanzar... es una incertidumbre incontrolable que no sabes hasta que punto te pueden afectar la consecuencias.

Se avecinan días de reposo mental estrictamente necesarios.

Y contigo no sé qué hacer ...

domingo, 21 de septiembre de 2014

Horrores mañaneros.

Te despiertas descolocada. No es tu habitación. Miras la hora y ves que has dormido un par de horas puesto que tu último recuerdo es que estaba amaneciendo. ¿Es su habitación? Sí. Pero no está. Miras la pared de los pies de la cama y recuerdas que tan solo un tabique os separa y lo visualizas tumbado en el sofá. Mierda. Empiezan los agobios y los por qués, y te maldices a ti misma. El por qué de esa situación recae en la maldita hora que se te ocurrió ir. Y ahí empiezas a recordar. Sola. Y esas 4 paredes te comen y quieres irte. Debate existencial, lo despiertas o te vas a hurtadillas y aquí no ha pasado nada. Realmente no ha pasado nada, no seas estúpida. Miras el móvil y creas un grupo nuevo con dos de tus amigas. Pones un icono de cara de terror, resumes la situación, y pides consejo. Bien, empiezan las risas. La situación en sí resulta cómica, vamos a enfocarla así. Me visto, me lavo la cara, recojo el pelo, y pongo mi mejor cara. Cruzo la puerta del salón, y ahí está. Durmiendo plácidamente. Se para el tiempo, hago un escaner visual para retenerlo todo en la cabeza. Estuve ahí si, no ha sido un sueño. Pero... ¿por qué coño no me iría a mi casa? Sonrío con tristeza, suspiro, llamo al ascensor y cuando está arriba de un portazo me voy. Cruzo el pueblo entero de buena mañana, con toda la actividad que tiene un sábado por la mañana en plenas fiestas del pueblo. Se nota perfectamente que estoy tan mona como la noche anterior, pero sin estarlo. Solo pido con esta resaca brutal, no cruzarme con nadie conocido. Y mientras desafío a la gente con la mirada, pienso en lo estúpida que he sido. Llego a casa, y me tiro a dormir un par de horas. Me despierto aturdida. Mientras como a las 5 de la tarde empiezo a recordarlo todo como un sueño, pero sabiendo que es verdad. A las 6 de la tarde, empiezo mi primer día de trabajo. A las 3 de la mañana termino agotada y voy a tomarme una copa. Necesito verlo. No ha salido. No sé nada de él.

Mañana es otro día...

viernes, 19 de septiembre de 2014

Fin de la primera parte.

Me cuesta demasiado adaptarme a las nuevas situaciones. Realmente, lo que me cuesta es la espera. Resolver situaciones en el momento es algo que no se me da del todo mal, pero cuánto más tiempo de espera tengo, mi cabeza más ideas bombardea, a veces sin sentido, otras pasajeras, y casi siempre se crea un batiburrillo que me impide centrarme.

 Así que ese tiempo, sea largo o corto, antes de un nuevo cambio, intento pasármelo a solas. Quizás para intentar meterme los brazos por la boca para ver si puedo llegar a mis entrañas para recolocarlas, o abrir un poco de hueco para que respiren. El momento de la ingesta suele ser arrebatadora, pero le precede el momento de la vomitona suprema que hace que todo se quede otra vez en su sitio e incluso liberado. En este preciso momento, siento esa presión, esa angustia entre satisfactoria y de pánico, que eres consciente de que no es dañina pero atasca. Esa sensación de vértigo sin tenerlo, y al mismo tiempo de paz y tranquilidad.

Las ganas superan a los miedos, pero están ahí. Uno de los mayores errores que siempre cometo es que me centro demasiado en mi trabajo. Digamos que no quiero repetir los mismos fallos en cuánto a mi vida personal,  ahora que comienzo una nueva vida laboral que me tiene muy motivada, pero al mismo tiempo, estoy aterrada, porque no sé exactamente qué responsabilidades debo tener, ni hasta que punto debo ceder.

En los cambios importantes, siempre me fijo mucho en la gente que me rodea, y en sus reacciones. No es que me importe el qué dirán, acepto las críticas, aunque alguna reconozco que se me retuerce dentro, pero lo que más valoro sin duda, es el apoyo. Supongo que si trabajase con el culo sentado en la oficina de un almacén no me importa esto, pero el trabajar detrás de una barra, después de haber levantado un bar que estaba muerto, y que una vez revivido, me lo mataron, digamos que ayuda a visualizarlo todo como desde el principio, pero de una manera más positiva.

Tengo un nuevo reto delante de mis narices. Y si sale bien, es perfecto. Si sale mal, puede hundirme. No es como un trabajo más. Vuelve a ser casi lo mismo, pero más complicado. Lo cual me motiva mucho más, pero me da miedo esa motivación en mi vida personal.

Comenzamos en 3...2...

lunes, 15 de septiembre de 2014

Cuenta las vueltas que podemos dar. Quizás algunos puedan vernos riéndonos.

Los ojos de las personas dicen mucho tanto de ellos mismos, como de la complicidad que tienen con la gente con la que interactúan. Mirar a alguien y notar que por mucho que el tiempo pase, sigue estando ahí, es de lo mejor que existe. Convivimos con 3 tipos de personas (pensando en positivo).

Las que nos acompañan a lo largo de nuestra vida. Esas que no tienen por qué ser del mismo círculo cerrado, pero con las que cuentas las veas o no. Las que en los momentos importantes tanto buenos como malos, sabes que puedes contar con ellas por los siglos de los siglos. Estén cerca o lejos, forman parte de tu vida y tú de la de ellos.

Las que están de paso. Con las que convives día a día, y tienes una relación cercana pero en menor medida que los que están metidos en la saca anterior. Que si tienen algo que hacer más importante, o simplemente no les apetece, no van a estar a la hora de la verdad, porque tienen su propio círculo de gente que la acompañan en su vida. Y estas personas van cambiando con el tiempo, nunca se mantienen por mucho tiempo. Los de relleno, por así llamarlos, aunque suene bastante mal.

Y por último están esas personas, contadas, con las que compartiste un momento puntual en tu vida, y es un momento común. No están nunca, aparecen cuando menos te lo esperas, y cuando las miras a los ojos sientes que no están, pero no se han ido. No importa cuánto tiempo haya pasado, ni todo lo que habéis vivido por separado, ni tampoco importa ponerse al día. Simplemente disfrutas ese nuevo momento, que sin duda será increíble y lo añadiréis a vuestra historia personal común, en la que nadie más puede entrar, ni puede entender. Se para el tiempo, se para el mundo, y se aparta todo lo que es importante durante ese instante. Que puede ser de 5 minutos o de 4 horas. Pero disfrutas de esa compañía como si fuese la última vez. Aprovechar el tiempo se hace duro día a día, pero aquí es cuando realmente valoras que es posible disfrutar libremente, sin problemas, sin presiones.

Un acercamiento entre la multitud, que crea inmediatamente una burbuja imaginaria aislante de todo. No hay tiempo para silencios, sólo risas, sonreír con los ojos, vivir el momento y dejarse llevar. Ser libre para hablar y hacer lo que te da la real gana sin pensar en consecuencias. La situación es una propia consecuencia que está ahí y hay que disfrutarla. Sientes que lo siente del mismo modo que tú. Y eres feliz por un momento, de estar ahí. Un año más, en ese mismo sitio dónde os conocisteis. Rodeados de la misma gente, ajena a lo que realmente pasa. Incluso uno mismo no es consciente de lo que está pasando, hasta que se acaba el momento.

Y en la oscuridad notas que estás protegida, durante esos 5 segundos quieres que se pare el tiempo de verdad. Estás en casa. Nadie me había vuelto a abrazar y besar como lo hacías tú... hasta que has vuelto a aparecer.

La importancia que se le dan a determinados momentos, es totalmente personal. Tan sólo 5 segundos, pueden significar más de 10 años concentrados.

"Cuenta un pecado que soñaste hacer
y que no hiciste, porque acaba excluyéndome."

sábado, 13 de septiembre de 2014

Club.


Hace tan solo dos semanas que empecé a ver esta serie que ya va por su séptima temporada. Así que estoy tragando capítulos a una velocidad de vértigo.  Esto no sería importante, si no fuese porque ayer tuve una reunión con el grupo de aficionados que animamos a un equipo local de balonmano desde hace un año, a la que llegué 5 minutos tarde, y  fue una grata sorpresa ver como esta temporada lo vamos a enfocar al más puro estilo de Sons of Anarchy.

Votamos al nuevo presidente y vicepresidente, aportando nuestro voto uno a uno. Nuestro presidente propuso hacer la votación, de aceptar o no a chicas en el club, ya que en la serie realmente no forman parte del club, aunque sí que tienen un papel más que importante. En ese momento la Gemma que debo llevar dentro, salió a la luz, se hizo votación y evidentemente las chicas estamos dentro. Para asegurarme de ello, después de nombrar a nuestro Sargento de Birras, y a nuestra Mascota, fui nombrada secretaria, por lo tanto la pasta la manejo yo. Evidentemente esto lo hemos hecho lo más serios posible, pero las carcajadas estaban presentes constantemente.
La temporada anterior se habían hecho unos carnets de socios, y el centro de operaciones era el bar dónde yo trabajaba. Mi número es el 007, licencia para gritar. Evidentemente se mantienen los números y este año me va que ni pintado.

Los chicos de SOA tienen etiquetas en sus chaquetas. Nosotros los tendremos en los carnets. Los 22 miembros del año pasado, pasamos a ser los originales. Todos los demás que se hagan este año serán llamados novatos. Ayer tuvimos un par de votaciones sobre acceso de dos miembros nuevos, y como están a prueba durante un año, en las reuniones tendrán que estar de pie.

Tenemos socios que están viviendo por trabajo o por estudios fuera, incluso del país. Como no se puede crear una filial, los hemos denominado, "nómadas". Evidentemente tendremos camisetas del equipo y seguro que se nos ocurren muchas más cosas para hacer de esto algo divertido e interesante.

Esto es todo a grandes rasgos, la verdad que estuvimos dos horas metiéndonos en el papel y echándonos unas buenas risas. Y evidentemente fue el momento perfecto par que ocurriese esto, ya que si no empezase a ver la serie, de casualidad, hace dos semanas, no me enteraría de nada!

Pena que no tenga al Jax Teller de verdad en la mesa ...



jueves, 11 de septiembre de 2014

Brindemos con un chupito de vino blanco.

Demasiado tiempo libre provoca que nuestra cabeza esté perdida. Las ideas van y vienen, la imaginación fluye a su antojo, y el estado de ánimo es un mar de dudas. Y te ves tirada en el sofá, después de días obligándote a mantener unos horarios y a forzarte a salir de casa, sin ganas de nada, tan solo de que pase el día. No quieres rutinas, no quieres invertir tu tiempo en nada, tan solo en pensar. Y empiezas a hundirte. Eres consciente de que deberías aprovecharlo y disfrutarlo todo más y que si no lo haces es porque no te da la gana. Tienes tantas opciones a tu alcance, que la pereza se adueña de ti y te come por dentro. Y pasas por una montaña rusa de sentimientos durante horas. 

Pasas un día más sin pena ni gloria.Hasta que recibes una llamada que lo cambia todo. De esas que te lo remueven todo, pero para bien. Y notas como por tu cuerpo aparecen nervios, pero sabes cómo controlarlos, porque te enfrentas a lo que te gusta. Y cada minuto que pasa, te gusta la idea cada vez más. Y te encuentras con una nueva situación, que añades a tu lista de cosas que hacer antes de los 30: tener una entrevista de trabajo a las 12 de la noche. Y a esta le añades otra: brindar con un chupito de vino blanco a las 4 de la mañana. 

Reto número 1: llegar a los 30 con trabajo. 

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Eye in the sky.

Madrugón. Hora y media de coche y una buena charla mientras tanto. El día empezaba tranquilo e interesante. Ir de compras es algo que odio. Me parece una pérdida de tiempo tremenda y me produce un dolor de cabeza inmenso meterme en los centros comerciales. En general, los sitios cerrados no me gustan. En el coche suelo ir con la ventana abierta por muy poco que sea, e incluso en invierno duermo también con ella así. Los centros comerciales nuevos son enormes y no tienen prácticamente salidas al exterior. Por no mencionar, el hilo musical de las tiendas que deja mucho que desear. 

Y ahí estaba yo, comenzando mi día de compras, preparándome para una dura batalla, pensando en que si lo hacía bien no tendría por qué volver hasta dentro de 3 meses o más. Es época de cambio de temporada, por lo tanto entré en una tienda, en la cuál vi al único dependiente sumergido entre cajas de ropa de nueva colección, todavía sin marcar. No le presté demasiada atención, de hecho suelo esquivar a los dependientes que se ofrecen a acosarte mientras compras. Dije un hola dirigiéndome a las estanterías, y me puse a lo mío. No sé por qué me sentí un poco incómoda estando los dos solos en una tienda tan grande. Se supone que en las grandes superficies siempre hay un caos loco de tías por todos lados, y novios que les sujetan las bolsas.  Me acerqué a la caja a pagar, y pude ver como el dependiente estaba ocupado entre caja y caja agachado bajo el mostrador, así que tuve que captar su atención, con un : "Hola, me cobras?".



 De pronto tengo ante mi un chico muy mono, con unos ojos azules que si me pidiesen bajar de planta con un salto mortal con triple tirabuzón, lo haría sin pensarlo. Muy amablemente, con una sonrisa increíble, me pidió mi nombre y mi número de teléfono. Si tuviese un espejo delante mío, seguramente vería como mi boca y mis ojos sonreían. Me quedé con que esos ojos me sonreían a mi, y que ese chico me acababa de pedir mi teléfono, y segundos después de salir por la puerta me escribiría al wass y viviríamos una historia de amor increíble. La realidad es que me había ofrecido hacerme la típica tarjeta para descuentos de esa tienda. Como voy muy poco de compras, nunca me las hago, y siempre digo que no al momento. Pero esos ojos me hipnotizaron, y me alegraron el comienzo del día. Cada uno percibe la realidad como le da la gana no?

Volviendo al tema del hilo musical... llevaba ya varias tiendas recorridas por ese inmenso centro comercial, un poco perdida la verdad. Estaba ya cansada, y tan solo llevaba ahí metida dos horas. Digo tan solo porque cuando voy con alguien más, siempre se duplica el tiempo de las compras, por eso yo suelo ir a lo mio. Y de pronto empezó a sonar una canción que me habías enseñado en no muy buen momento y que nunca había escuchado en ningún lado que no fuese en mi casa.


Y esos ojos azules, no los de aquel chico encantador que me había atendido esta mañana,  si no los tuyos, se habían plantado en mi cabeza, y noté como una gran sonrisa se puso en mi cara acordándome de ti. Y mi día de compras finalizó en ese momento. Sentí un alivio enorme, como si realmente estuvieses a mi lado, sonriendo conmigo como dos gilipollas. 

Y esta es la única manera de hacer los días llevaderos, con pequeñas sorpresas, que nadie más entiende, que te sacan una sonrisa. Sin más. 

martes, 9 de septiembre de 2014

¿Soy una página en el libro de tu historia ?

En ocasiones, dejamos pasar momentos únicos, oportunidades, que puede que vuelvan o no. Si no vuelven, pues perdidos están. No hay que destriparse las entrañas con lamentaciones. Los momentos con otras personas no se pueden forzar. Surgen de la situación, los encontronazos, y de nuestro propio comportamiento. 
Cuándo aprenderemos a que no hay que usar estrategias y simplemente actuar como realmente somos,  que es lo que mejor funciona ya que nos conocemos mejor que nadie. Pero no, nos gusta enredar todo lo que se nos pone por delante, hasta el punto de poder perder algo que realmente puede merecer la pena. De sobra es conocido por todos, que la vida da muchas vueltas. Demasiadas a veces. Y cuando la vida nos pone continuamente esa oportunidad delante, mi cabeza que da más vueltas que la propia vida, llega a la conclusión de que por algo es. Cuando ves pasar por delante de ti la misma oportunidad varias veces consecutivas, de momentos que hay que aprovechar, o dejarlos pasar, para volver a presentarse delante de nuestras narices el mismo momento de aprovecharlo, y así una y otra vez... hay que buscar la manera de ponerle remedio. Y como apartarse no es la solución, porque siempre vuelve sin darnos cuenta, habrá que tirarse a la piscina. 

Quizás haya llegado ese momento. Sabes por qué? porque no puede ser una casualidad tan grande, que estemos en el mismo punto. Y sería de imbéciles dejarlo pasar. 


miércoles, 3 de septiembre de 2014

Tú.

Estuve mucho más obsesionada por esos ojos azules de lo que estoy ahora. A pesar de ello, no sé por qué extraña razón en las últimas dos semanas no dejo de soñar contigo. Esa pausa de meses después de la tormenta, y esta calma que ahora nos invade. Los huecos para encontrarnos con risas y sonrisas. Los silencios cómodos eternos, a los que tengo que ponerles punto y final marchándome para no volver a la tormenta. Los roces que se graban en la memoria y se repiten una y otra vez. El aparecer cuando no te busco y el desaparecer cuando lo hago. Ese jugar al gato y al ratón y ese comportarse como el perro y el gato. Todavía no tengo demasiado claro, quién es el gato. Tal vez lo seamos los dos y por eso llevamos 2 años con esta historia de idas y venidas, de ahora parece que sí, pero no... ahora parece que no, pero si.

Supongo que el despreciable que me destrozó las entrañas, lo hizo tan bien, que ahora me resulta imposible tirarme a la piscina. Pero es que contigo tirarse a la piscina tanto puede ser un baño refrescante, como es necesario lanzarse con manguitos, flotador, casco, rodilleras y tener un despliegue de emergencias fuera con helicóptero incluido por si el golpe es mortal. Que nunca es mortal, tampoco vamos a dramatizar, pero una se conoce muy bien a sí misma y no tiene ganas de que le quiten el parche, si no más bien de que la recompongan un poco.

 No recuerdo como apareciste de la nada cuando ya estabas. Realmente te fuiste abriendo hueco mientras este individuo en común me estaba destrozando la vida. Y sin darme cuenta esos ojos azules me estaban conquistando, podían atraparme durante horas de conversación a pesar de estar rodeados de gente. Te convertiste en mi escolta y yo en la tuya. Éramos impenetrables por el exterior más de 5 minutos. Siempre uno al lado del otro. Sin perdernos de vista ni un minuto. Y los miedos aparecían para romper esa calma. Y tanto tú como yo sabemos que cuando tenemos miedo, nos bloqueamos. Y lo damos todo por perdido. Y pensamos que lo mejor es desistir. Pero después de nuestras pausas, siempre llega un momento, siempre sin contar, en el que no nos podemos aguantar. Y pasamos del silencio de simplemente saludarnos y despedirnos, a volver a estar el uno al lado del otro sonrisa tras sonrisa. Y sabes qué es lo que más me gusta de ti? Que me fío y confío en ti, y eso me hace sentirme segura a tu lado. En mi cabeza tengo un debate existencial. Por una parte, no me veo teniendo una relación estable, porque digamos que  a estas alturas, va a marchas más forzadas, que es genial eso, pero no sé si estoy preparada. Por otro lado, me veo rodeada de veinteañeros alocados, que hacen las cosas sin pensar, viviendo la vida como quizás hay que vivirla. Y no sé por qué, ahí apareces tú siempre, para hacerme ver, que contigo no tendría miedo. Que contigo sí que lo haría. Y nos veo en infinitas situaciones. Y de este modo, nunca me había pasado con nadie. Así que una vez más supongo que los 30 están ahí empujando y empujando.
Sé que seguiremos jugando, y que posiblemente uno de los dos dé el paso de seguir con su vida con otra persona. Pero siempre me repito: si no lo hemos hecho ya, ni uno ni el otro ... por qué será?

Resulta que al final sí que sé la razón de por qué sueño contigo..


martes, 2 de septiembre de 2014

Ella. Y yo.

Todas las mañanas intento avanzar. Ser constante en lo que me propongo. Y lo estoy consiguiendo a pesar de que nunca es fácil. Llevaba exactamente 3 meses sin ver a mi madre. Resulta curioso que durante 10 años, la tenía a más de 1.500 km de distancia, y la echaba de menos y sentía la necesidad en muchas ocasiones de llamarla y hablar con ella y contarle muchas de las cosas que me pasaban. Nos veíamos de año en año ( y a veces incluso pasaba más tiempo ) durante 15 días y a veces ni eso. Recuerdo como esas visitas cortas me revolucionaban totalmente, para a los dos días acabar discutiendo brutalmente. Es lo que tiene la falta de convivencia entre una madre y su hija. Sin embargo, a pesar de ser de las personas que más lejos estuvo siempre de mí, una madre es una madre, y es la que mejor te conoce. Es la primera en valorar o criticar tu evolución como persona. La mía confía plenamente en lo fuerte que soy y en los dos dedos de frente que tengo ( es curioso como me emociono al escribir esto ). Pero esto tiene su explicación. Cuando eres la única persona en la que tu madre se apoya, y eres la fuente de su fuerza y la única que le dice las cosas claras para ponerle las pilas, comprendes que es normal que la situación sea así. Crecí sin mi madre, con un hermano mayor ausente desde que mis padres se separaron. Y con un padre que hizo las cosas lo mejor que pudo, que nunca me faltó de nada, pero una adolescente sin su madre cerca, no es dinero y caprichos lo que realmente necesita. A pesar de ello no tengo nada que reprocharle.
Pero lo curioso de todo esto, es llegar al equilibrio entre que tu madre, no puede ejercer de madre, ni a día de hoy que está cerca, porque en el fondo sabe que no pudo ejercer ese rol, y el poderío que ejerces sobre ella. Cuando traspasas la barrera de madre-protege-a-hija y se le da la vuelta a la tortilla para encontrarte con un hija-protege-a-madre, la situación no es que se vuelva mejor o peor, si no diferente.
Por eso desde que me quedé sin trabajo, decidí mantenerme un poco al margen. Era momento de apartarse un poco de todas las preocupaciones, para verlo todo desde mi propia perspectiva sin estar condicionada por a quién debería cuidar y atender.
Y es muy curioso cuando hoy aparecí, le di dos besos enormes a mi madre, y sentí que no hacía falta dar ninguna explicación. No hubo ningún tipo de reproche por su parte, y sin decir nada, empezó a preguntarme como me había ido en estos 3 meses, sin molestarse en ponerme al día de todo lo que a ella le pasa. Entendió perfectamente que hoy era yo la que la necesitaba a ella, solo su presencia, sin más. Que era mi turno. ( Y sigue siendo curioso como me vuelvo a emocionar al escribir esto).
Después de todas las que hemos pasado, todos los momentos buenos contados, y los cuantiosos momentos malos, muy malos... es un orgullo que a mis casi 30 años, por fin hayamos conseguido llegar a este equilibrio de respeto y necesidad de la una por la otra.

Ni el bueno es tan bueno, ni la mala es tan mala. Y una madre, esté o no esté, en más o en menos, o incluso en ninguna ocasión, siempre marca. Para bien o para mal. En mi caso, es un orgullo, a pesar de haber tenido que llegar a mis 30, valorar positivamente nuestra relación actual. Algo más del pasado, en lo que pensar menos, y seguir avanzando. 

lunes, 1 de septiembre de 2014

Septiembre.

Este mes es en el cual mi cabeza es consciente del paso de los años. Aquí hago balance del último año y me mentalizo de como será el siguiente. Supongo que me preparo para la caída del largo y gris invierno, y prefiero terminar el año cuando se termina el verano y el sol nos hace estar a todos mucho más activos y receptivos, y con las pilas cargadas. En navidades estamos cansados de comidas familiares y de salir un día tras otro. O en mi caso, de pasar 15 días de mucho trabajo.  

En septiembre conocí a dos de las personas que más marcaron mi vida. Al primero, en unos coches de choque, se acercó, se presentó, y ahí empezó todo. A día de hoy, las veces contadas que lo sigo viendo, sigo estando orgullosa de a pesar de cómo fueron las cosas entre nosotros, podamos sentarnos a hablar como si el tiempo no hubiese pasado. De esto hace ya unos 12 o 13 años. Al otro individuo, el cuál desapareció de mi vida hace 2 años... ese fue el que me torturó durante 3. Y del que no quiero sentirme orgullosa de sentarme a tomar un café y de que todo sea normal. Bien está desaparecido. 

Septiembre siempre fue un mes de cambios. Después del verano, toca volver a la rutina, y no morirse en el intento de pasar otro invierno en este pueblo que cada año que pasa está más desierto. Este en concreto es diferente. Hasta ahora era verano y podía trampear con la excusa de, "estoy de vacaciones forzadas" disfrutando un poco, que también me lo tenía merecido. Pero detrás de la pregunta, ¿y ahora qué vas a hacer? siempre va un algo implicado, del tipo: queremos que vuelvas, queremos tener un sitio en el que meternos dónde estés tú. Y eso reconforta y ayuda un poco a que los días no pesen tanto. Y esto es algo totalmente nuevo.

Ya que estamos de año nuevo, vida nueva, supongo que toca desprenderse de lo negativo, y agarrarse a lo positivo. 


sábado, 30 de agosto de 2014

La importancia de cómo llegamos al ahora, para afrontar lo que vendrá.


Supongamos que cada uno por nuestras experiencias hacemos "cortes" por etapas, a las que diferenciamos a bloque por como evoluciona nuestro carácter a veces a marchas forzadas, a veces por estancamientos.
Mi primera etapa, como la de la gran mayoría supongo, se rompe en los 14 años. En mi caso está muy marcada, porque los recuerdos que tengo hasta ese momento son muy vagos, dado que ahí fue dónde mi equilibrio se rompió brutalmente por la separación de mis padres. Hasta ese momento posiblemente tenía mis pequeñas preocupaciones como cualquier niña, pero si tuviese que analizarme en esos años, no podría hacerlo ya que tengo mis recuerdos basados en pequeños fotogramas que veo muy lejanos y ni si quiera siento como míos. Los recuerdos del cole, de mis campeonatos de kung fú ... lo que sí que me llevo a día de hoy son mis amistades que todavía conservo de esa etapa.





La segunda etapa podríamos ponerla desde los 14 a los 20. Esa adolescencia loca, conflictiva ya de por sí, con sus primeros enamoramientos, sus primeras traiciones de personas, la revolución hormonal básica mezclada con unos cuantos traumas familiares a los cuales nunca les ves fin, y la exaltación de la amistad plena, que con el tiempo acabas comprendiendo que no se pueden tener cientos de amigos, porque ni hay tiempo de mantenerlos, ni todos son verdaderos amigos. Aquí empezamos a crearnos nuestra propia personalidad a base de grandes estacazos y/o a base de grandes momentos. Yo me pasé todos estos años centrándome en ayudar a la gente que tenía cerca, básicamente para no pensar tanto en mi propia vida personal que estaba totalmente descalabrada. Nunca se me olvidará esta frase de la cabeza sacada de la película Amelie, que me dijo alguien que empezó a acompañarme en esta etapa y todavía sigue estando ahí:

"Y de ella... de todos los desarreglos de su vida, quién se ocupa?





Mientras me resignaba a seguir tirando con esta misma cara que se me ponía cada vez que salía por la puerta de casa, me vi con el mejor novio que nunca pude tener, y con que ya no vivía en casa, y todas las situaciones familiares estaban al margen. Durante unos meses, todo lo que importaba era él. Por primera vez en años, había dejado de llorar todos los días, y era feliz. Hasta que me dejó, y esa perfecta estabilidad se fue al garete, y sin duda volví a llorar todos los días durante exactamente unos dos años. Entrada triunfal a los 20. Fue momento de cambiar de etapa. De mis 20 a mis 25 estaba tan cansada de afrontar constantemente batacazos, que me estanqué. No aproveché esos años, como unos padres piensan que estás aprovechándolos, pero personalmente no me arrepiento de nada, y si me diesen la opción de volver atrás, volvería a disfrutarlos del mismo modo. Compartía piso, salía más de lo que debería, disfrutaba del cine y de la música, y dejaba que pasaran los días. Supongo que había madurado tanto a marchas forzadas, que me tocaba echar el freno de mano y frenar en seco. Y eso hice. Aprovechar la época universitaria, sin serlo.





Pero llegaron los 25. Y con ellos mi primer trabajo. Y una de mis mayores torturas amorosas. Todos tenemos primeros trabajos, y torturas amorosas. No es nada nuevo. Pero cuando marcan un antes y un después en tu vida se hace importante. De los 25 a los 29, empiezas a evolucionar , en mi caso, por fin, en relación a la edad que tenía. Aparecen las primeras responsabilidades y empiezas a mirar más por ti que por los demás. Porque al fin y al cabo todos hacemos lo mismo. Tus amistades bien sea por trabajo o por parejas, ya no están siempre para el café o para salir de juerga. Y lo entiendes porque a ti te pasa exactamente lo mismo. Aprendes a saber en quién debes o no debes confiar, andas con pies de plomo, e intentas ir siempre un paso por delante para no llevarte el batacazo. Y a pesar de ello sigues notando zancadillas, pero las caídas no son tan fuertes, y vuelves a levantarte al momento. Y a pesar de todos los años de mierda que has pasado, echas la vista atrás, y ves que sí, que las cosas para ti fueron difíciles, y aprendes que a veces hay que dejar que pase el tiempo, y que hay gente que está peor que tú, y otra que por chorradas supinas está hundida, y eso te hace más fuerte y sentirte más orgullosa. Que no eres de piedra. Pero a veces puedes dar el pego. Cuidas lo que tienes, más en la distancia, pero cuando tienes la ocasión intentas que los demás te valoren. Y lo más importante, empiezas a vivir tu vida, y no la de tus padres ni la de los problemas de los demás. Y sabes que hay que rascar en las esquinas para encontrar las pequeñas cosas que hacen que los días valgan la pena. Y sonríes. Sobre todo, sonríes porque has dejado atrás por fin el pasado.




Y finalizado el pasado, llegamos al presente. A los 29. Me encuentro rescatando el garito dónde 4 años atrás había empezado a trabajar, que estaba cerrado y muerto totalmente. Fue un reto personal ser la gerente y levantarlo tal y cómo están las cosas, y con un jefe invisible que a pesar de no estar tiene la gran capacidad de tocar los cojones y poner zancadillas para que el negocio fuese mal. Zancadilla tras zancadilla, con mucho esfuerzo, conseguí echarlo andar estupendamente. Reto personal conseguido. Y también hundido por mi propio jefe. Así que después de perder casi un año de vida social personal, de romperme la cabeza horas y horas reinventándome a mi misma... actualmente estoy sin trabajo, sin pareja, sin independizarme y a puntito de cumplir los 30. Con una gran personalidad forjada, dejando atrás, todo esto que acabo de contar, sintiéndome muy orgullosa de quién soy, y a dónde he llegado. Pero es muy fácil hablar de lo que ya se sabe, del pasado. Ahora entro en una nueva etapa, en la que estoy totalmente perdida, y no sé a dónde me dirijo.

Y desde aquí comienza mi presente-futuro.



viernes, 29 de agosto de 2014

Dentro de 2 meses todo va a ser igual aunque diferente. Inevitable no pensar en ello bajo las circunstancias actuales.

La preocupación en este caso, no es el paso del tiempo. Es la continuidad entre lo largos y productivos que fueron estos primeros 30 años, y la aceptación de la nueva etapa, que se planta aquí y ahora, sin apenas darme cuenta, sin avisar. Están aquí. Esos 30 años que suenan tan bestias porque están marcados socialmente como una referencia de que a esta edad, deberíamos tener bastante claro el tipo de vida que deberíamos llevar, en comparación con las vidas de nuestros padres. Es el momento de independizarse, casarse, tener hijos y un trabajo estable... o eso es lo se nos pretendía inculcar desde mocosos. Evidentemente, nadie contaba con el factor sorpresa, de que actualmente todo es un caos a la hora de encontrar trabajo. Ahora no vale lo de "haber estudiado", porque aunque se haya hecho, todos estamos igual de jodidos. Pero el tema en sí no es este.
Si hacemos un breve resumen personal, partiendo de la base de que soy hija de padres separados desde los 14, que sólo tuve dos novios formales, de los cuales de uno apenas tengo recuerdos, y del otro podría contar con pelos y señales todos los días que pasé con él hasta hoy, componiendo una bonita y curiosa historia, y todos mis demás amoríos fueron basados en mentiras, engaños, y en ser una experta en ser "la otra", podríamos decir, que llevo 10 años sin novio, y que por algo será. Por gilipollas posiblemente.
No es un tema que me preocupe excesivamente el quedarme sola, o incluso no tener hijos, porque es algo que desde nunca me he planteado. Siempre estuve muy ocupada en lidiar con situaciones personales conflictivas, como para perder el tiempo pensando en el día de mi boda o en como le llamaré a mis hijos en caso de que supiese cuántos querría tener. Aunque suene raro, y la mayoría de las tías en algún momento, unas más que otras, se planteen este dilema existencial, para mi nunca fue relevante.
En cuanto al trabajo, a pesar de siempre tener un pánico atroz a todo lo que me propongo, soy consciente de que tengo ciertas cualidades que son espléndidas para dedicarme a algo que realmente me flipa más de lo que yo misma puedo ser consciente. No me preocupa a día de hoy estar sin trabajo, ya que el último año en este sentido, fue espectacularmente positivo.

Y después de esta no tan breve introducción, viene el planteamiento de la llegada de la nueva etapa, de los 30. A simple vista, puede resultar un absurdo tener este planteamiento. Supongamos que hasta ahora, todo se hacía difícil, a veces demasiado, y en ciertas edades tendemos a ser catastróficos con simples problemas efímeros. Es lo normal, ya que estamos forjando nuestra propia personalidad en función de todos los factores sorpresa que a cada uno nos van llegando. En muchas ocasiones, cuando conozco a gente, y les cuento pequeñas pinceladas personales, veo salir esa típica cara de póker, de no saber qué decir. Prefiero esa cara, a no la cara de lástima. Que alguien sienta lástima por ti, es lo peor del mundo, porque realmente es como que notan que la situación no está afrontada. Siempre fui de masticar, digerir, y comentar tiempo después. Precisamente para evitar esas reacciones, que son normales, pero que a mi, personalmente nunca me ayudaron. Por lo tanto aprendí a contar mis problemas como anécdotas. No a pedir consejo. Si no a contarlos cuando yo ya los tenía masticados.
 Supongo que quería enfocar este blog como lo que sería "la entrada a una nueva época", pero no podía evitar dar unas pequeñas, mínimas pinceladas, de quién soy, para poder seguir avanzando.

Y todo lo que quería decir, cuando empecé a escribir este post, se resumen en esto:
Esa extraña sensación de ver llegar los 30, y sentir a partes iguales que no los tienes pero que están ahí, y a pesar de por una vez, sentirte que vives la edad que te corresponde, ni más madura ni menos, crees que tienes toda una vida por delante. Y la tienes, pero no del mismo modo del cual la estabas viviendo, si no que es una etapa totalmente nueva en donde los problemas son de verdad, eres más fuerte de lo que crees, y los miedos pueden llegar a controlarse. Y todo se soluciona con: hay un momento, siempre hay un momento, y cuando se va, aparece otro, y así contínuamente. Porque ni las cosas buenas ni las malas están permanentes, si no que van cambiando y se van modificando en función de nuestra propia evolución.