El momento y los lugares adecuados. El tiempo en el que debes vivir. La edad. La frescura. Las ganas de, sonreír por, disfrutar. Esperar a, querer que, sonreír. Dosis de positivismo. El aquí y ahora, la predisposición, el presente continuo de paso firme con los pies en el suelo.
Y mientras tanto suben los cosquilleos, aparecen las risas unas tras otras, y lo más importante, las contagias. La importancia del saber estar, de saber qué se quiere, y de reaccionar. Administrar las horas para tener tiempo para disfrutar y aprender. De lo bueno y de lo malo. Dejar que pasen los días viviendo. Y pensar en uno mismo, y tirarse flores. Porque las piedras ya caen solas. Dejar un rastro, bueno, como cuando se acercan y dicen que qué bien hueles. Pues lo mismo, pero en las almas. Reconocer los errores, pedir disculpas por muy pequeñas que sean, y agradecer, Ante todo educación. Y ante todo buena cara en la medida de lo posible. Siempre hay alguien al que se le contagia tu sonrisa en un día de mierda, y con ello ya merece la pena.
No es fácil, pero si se intenta sale.
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