Todas las mañanas intento avanzar. Ser constante en lo que me propongo. Y lo estoy consiguiendo a pesar de que nunca es fácil. Llevaba exactamente 3 meses sin ver a mi madre. Resulta curioso que durante 10 años, la tenía a más de 1.500 km de distancia, y la echaba de menos y sentía la necesidad en muchas ocasiones de llamarla y hablar con ella y contarle muchas de las cosas que me pasaban. Nos veíamos de año en año ( y a veces incluso pasaba más tiempo ) durante 15 días y a veces ni eso. Recuerdo como esas visitas cortas me revolucionaban totalmente, para a los dos días acabar discutiendo brutalmente. Es lo que tiene la falta de convivencia entre una madre y su hija. Sin embargo, a pesar de ser de las personas que más lejos estuvo siempre de mí, una madre es una madre, y es la que mejor te conoce. Es la primera en valorar o criticar tu evolución como persona. La mía confía plenamente en lo fuerte que soy y en los dos dedos de frente que tengo ( es curioso como me emociono al escribir esto ). Pero esto tiene su explicación. Cuando eres la única persona en la que tu madre se apoya, y eres la fuente de su fuerza y la única que le dice las cosas claras para ponerle las pilas, comprendes que es normal que la situación sea así. Crecí sin mi madre, con un hermano mayor ausente desde que mis padres se separaron. Y con un padre que hizo las cosas lo mejor que pudo, que nunca me faltó de nada, pero una adolescente sin su madre cerca, no es dinero y caprichos lo que realmente necesita. A pesar de ello no tengo nada que reprocharle.
Pero lo curioso de todo esto, es llegar al equilibrio entre que tu madre, no puede ejercer de madre, ni a día de hoy que está cerca, porque en el fondo sabe que no pudo ejercer ese rol, y el poderío que ejerces sobre ella. Cuando traspasas la barrera de madre-protege-a-hija y se le da la vuelta a la tortilla para encontrarte con un hija-protege-a-madre, la situación no es que se vuelva mejor o peor, si no diferente.
Por eso desde que me quedé sin trabajo, decidí mantenerme un poco al margen. Era momento de apartarse un poco de todas las preocupaciones, para verlo todo desde mi propia perspectiva sin estar condicionada por a quién debería cuidar y atender.
Y es muy curioso cuando hoy aparecí, le di dos besos enormes a mi madre, y sentí que no hacía falta dar ninguna explicación. No hubo ningún tipo de reproche por su parte, y sin decir nada, empezó a preguntarme como me había ido en estos 3 meses, sin molestarse en ponerme al día de todo lo que a ella le pasa. Entendió perfectamente que hoy era yo la que la necesitaba a ella, solo su presencia, sin más. Que era mi turno. ( Y sigue siendo curioso como me vuelvo a emocionar al escribir esto).
Después de todas las que hemos pasado, todos los momentos buenos contados, y los cuantiosos momentos malos, muy malos... es un orgullo que a mis casi 30 años, por fin hayamos conseguido llegar a este equilibrio de respeto y necesidad de la una por la otra.
Ni el bueno es tan bueno, ni la mala es tan mala. Y una madre, esté o no esté, en más o en menos, o incluso en ninguna ocasión, siempre marca. Para bien o para mal. En mi caso, es un orgullo, a pesar de haber tenido que llegar a mis 30, valorar positivamente nuestra relación actual. Algo más del pasado, en lo que pensar menos, y seguir avanzando.
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