viernes, 29 de mayo de 2015

Con lo fácil que es hablar, qué fácil resulta mandarlo todo a la mierda por callar.

Te diría que no lo entiendo porque considero que no me lo merezco. O vivimos en una realidad paralela o es totalmente injusto este comportamiento que tienes conmigo. No me creo que no supieses que llevo tiempo colada por ti. No me creo que puedas ser capaz de no dar la cara y de demostrarme que te importo menos que nada. Que te puedas quedar totalmente congelado ante la situación, y no hagas nada. Ni contestes, ni hables, ni saludes, que escapes, me ignores, y sea yo la que está detrás tuya para arreglarlo. Que ni si quiera tengas los huevos de marcharte para casa cuando quieras por el simple hecho de no cruzarte conmigo  a la salida.

Que puedes estar tranquilo que esta actitud me acaba de demostrar que no merece la pena que me moleste ni un segundo más en querer saber, o querer intentar arreglarlo. Que estoy harta de ser yo la que siempre persigue y nunca consigue.

Si te tuviese delante te diría esto y mil cosas mas que tendré que tragarme una vez más.

 Eso sí, una y no más. 

miércoles, 20 de mayo de 2015

O te vas o te quedas, pero no te quedes en la puerta.

No estás, y no es como otras veces. Nos tenemos pasado meses casi sin vernos. Sin saber ni mucho ni poco el uno del otro. Y siempre por mucho que no queramos, volvemos. Pero esta vez siento que es diferente. Esta vez siento como si te hubiese perdido de verdad. Me falta algo, y ese algo son esos ojos azules que me dan la ganas y la fuerza. Me has apagado sin sentido. Sigo enchufada y con el piloto rojo de encendido, pero ahí me he quedado. Apagada. Sin motivación, sin la sonrisa. Y lo intento, y lo fuerzo. Y no te echo toda la culpa. Estoy perdida y no es por ti. Pero sabiendo que estabas me sentía perdida pero segura.

Quiero pensar por lo que veo, que a ti tampoco te resulta cómoda esta situación. Quiero pensar que también le das vueltas a la cabeza. Y quiero creer que ese azul me busca, si no, no entiendo como siempre puedes estar en mi campo de visión. Y yo en el tuyo.

Y una vez más, odio esta puta mierda. Y cuando pienso que no va a volver a pasar, sigue pasando. Esta mierda del amor sigue doliendo. Aparentemente se aprende a convivir con ello. Pero por dentro sigue quemando, como si te bebieses una botella entera de tequila a palo seco que te deja por los suelos al momento, y al día siguiente.

 Cuándo se encuentra el momento preciso para hablar con alguien que está rodeado por un muro de hormigón?Qué se dice y cómo? Es de estas cosas que no puedes tragarte. Que saldrán tarde o temprano. Y lo peor es que cuanto más se espera, el porcentaje de que el momento sea el peor para hacerlo, va en aumento.

Estamos estropeados. No sé si esperas a que luche, o si me estás apartando. No sé si debo luchar, o tengo que apartarme por mi bien. Tengo dos versiones dentro de mi cabeza. La de que posiblemente es una pésima estrategia tuya de cobarde supremo que supera de un modo nefasto todas las maneras posibles de que pretendas que acabe en tus brazos. O por otra parte, que de verdad te arrepientes, y eres uno de los gilipollas más grandes con los que me encontré, no porque supieses que llevo tiempo colada por ti y me entrases para luego dejarme tirada. Si no por tu comportamiento de después, ese de no dar la cara, y no dirigirme la palabra, nada más que para mandarme un par de wass, después de no contestar a otros cuantos, repitiéndome esa puta frase de mierda: cuando bebo hago cosas que no debo.

De hacer cosas que no se deben a hacer cosas que no se quieren la diferencia está en decirlo.

Puedes volver ya, déjate de gilipolleces. 

domingo, 3 de mayo de 2015

Fuegos artificiales defectuosos.

Podría ser que no fuese verdad, o que realmente no fuese para tanto. Podría ser , de no ser que notas como se te rompen las entrañas, te cansas de pensar, sientes una presión en el pecho, y las sientes. Sientes como no puedes controlarlas, y caen y caen por tu cara, y no puedes ni limpiarlas, porque viene una detrás de otra. No hay sollozos, es un estallido silencioso. Duele. Realmente te duele. Y ahí, en ese preciso momento, es cuando eres consciente de lo que es querer a una persona. Y ahí sabes que es real, que no es un "es que no me quiere". No. No entiendes nada, pero sabes que está ahí, en medio de todo el caos que se creó absurdamente.

Lo tienes delante y te paralizas, te bloqueas, y no puedes dejar de mirarlo, porque necesitas sabes si te mira. Y te mira. Tanto como lo haces tú. Sería fácil pensar, si me echo tanto tiempo mirándolo, alguna vez me mirará. Pero no se trata de eso. Ojalá pudiese tener una maza para romper ese puto muro que se ha levantado bien alto. Y se romperá. Todo cuadra, todo encaja. Todo menos nosotros. Tú y yo, pero no un nosotros.

Y lo más difícil es que no hay un control posible de la situación. Somos dos bombas de relojería. De esas típicas escenas de películas en la que todo estalla, todo son gritos, y odio, que en un segundo se convierte en amor loco y desenfrenado, donde los dos se comen la boca como si no hubiese mañana. Y eso sí que es fliparse. Porque posiblemente todo quede en aire, una vez más. Y se acaban los momentos. Así que o estallamos o nos matamos. Y yo prefiero estallar, que por lo menos no me lo quedo dentro.