A día de hoy soy más de series que de películas. Y me gustan los capítulos que enganchan hasta la semana que viene.
Existen ciertas personas que captan nuestra total atención tan pronto las vemos. E inexplicablemente tienen ese maravilloso poder de que con su sola presencia nos hacen sonreír y nos dan ese pequeño punto de nerviosismo maravilloso que nos revoluciona y nos hace sentir vivos. Tengo una debilidad por los jovenzuelos con esas melenas rubias que pongan como se las pongan siempre están espectaculares. Y evidentemente no lo oculto. Esto provoca que el susodicho en cuestión acabe siendo consciente de ello a pesar de que nunca hayamos hablado en la vida. Pero esta noche me hicieron una encerrona. Lo invitaron a un chupito de mi parte, y yo en ese preciso momento quise que se abriese un agujero enorme y se me tragase la tierra. La mejor/peor opción que se me ocurrió fue salir de allí, porque todas las miradas se enfocaron en mi. Así que la excusa perfecta es salir a fumar un cigarro, corriendo, huyendo como si no hubiese mañana hasta que en mitad de mi camino se planta su sonrisa de oreja a oreja, con esos ojazos seductores y esa boca que me la comía entera, la cual pronunció mi nombre acompañado de un gracias lleno de razón. Y yo, gilipollas de mi, no se me ocurre mejor cosa que tocarle un hombro y sonreír mientras seguía huyendo. Ese cigarro me supo a gloria, porque una vez fuera, la sonrisa que se me puso en la cara todavía no se me ha quitado. Pero esto no acababa más que de empezar.
Llegó la hora del bailoteo, y aunque no soy nada fan del pachangueo que hay ahora en todos lados, reconozco que en un bar de rock, sería imposible que pasara esto. Una mano me agarra y me empieza a dar vueltas y vueltas, que ahora voy, ahora vengo, ahora me pongo detrás tuya agarrándote fuerte, ahora tu cara está pegada a la mía, sonrisa va, sonrisa viene. Y aparece el deseo, el calentón, las ganas de todo y de nada a la vez. El querer que se pare el mundo. Los abrazos. Qué bien huele el jodido. Los olores son parte de la clave. Y un me tengo que ir que lo paró todo. Ni era el momento ni el lugar. Pero como bien dije, me encantan esos capítulos que dejan esa tensión toda la semana hasta que llega el siguiente. Porque las películas, al fin y al cabo, aunque de entrada son más largas, siempre se sabe como acaban. Los capítulos pueden crear temporadas cojonudas.



