domingo, 30 de noviembre de 2014

Surfeando las olas.



A día de hoy soy más de series que de películas. Y me gustan los capítulos que enganchan hasta la semana que viene.


Existen ciertas personas que captan nuestra total atención tan pronto las vemos. E inexplicablemente tienen ese maravilloso poder de que con su sola presencia nos hacen sonreír y nos dan ese pequeño punto de nerviosismo maravilloso que nos revoluciona y nos hace sentir vivos. Tengo una debilidad por los jovenzuelos con esas melenas rubias que pongan como se las pongan siempre están espectaculares. Y evidentemente no lo oculto. Esto provoca que el susodicho en cuestión acabe siendo consciente de ello a pesar de que nunca hayamos hablado en la vida. Pero esta noche me hicieron una encerrona. Lo invitaron a un chupito de mi parte, y yo en ese preciso momento quise que se abriese un agujero enorme y se me tragase la tierra. La mejor/peor opción que se me ocurrió fue salir de allí, porque todas las miradas se enfocaron en mi. Así que la excusa perfecta es salir a fumar un cigarro, corriendo, huyendo como si no hubiese mañana hasta que en mitad de mi camino se planta su sonrisa de oreja a oreja, con esos ojazos seductores y esa boca que me la comía entera, la cual pronunció mi nombre acompañado de un gracias lleno de razón. Y yo, gilipollas de mi, no se me ocurre mejor cosa que tocarle un hombro y sonreír mientras seguía huyendo. Ese cigarro me supo a gloria, porque una vez fuera, la sonrisa que se me puso en la cara todavía no se me ha quitado. Pero esto no acababa más que de empezar.


Llegó la hora del bailoteo, y aunque no soy nada fan del pachangueo que hay ahora en todos lados, reconozco que en un bar de rock, sería imposible que pasara esto. Una mano me agarra y me empieza a dar vueltas y vueltas, que ahora voy, ahora vengo, ahora me pongo detrás tuya agarrándote fuerte, ahora tu cara está pegada a la mía, sonrisa va, sonrisa viene. Y aparece el deseo, el calentón, las ganas de todo y de nada a la vez. El querer que se pare el mundo. Los abrazos. Qué bien huele el jodido. Los olores son parte de la clave. Y un me tengo que ir que lo paró todo. Ni era el momento ni el lugar. Pero como bien dije, me encantan esos capítulos que dejan esa tensión toda la semana hasta que llega el siguiente. Porque las películas, al fin y al cabo, aunque de entrada son más largas, siempre se sabe como acaban. Los capítulos pueden crear temporadas cojonudas.



miércoles, 26 de noviembre de 2014

El primer paso es reconocerlo.

El buen humor sigue presente, en cada mirada, cada gesto y cada palabra. Y lo mejor de todo, es contagioso. Siempre gusta que te asocien con muchas cosas positivas. Llevo unos cuántos días en los que he hecho un parón, para poder meditar sobre mi. Y después de unos cuantos sueños, y unos cuantos hechos hoy ha pasado algo curioso. Mi nuevo jefe tiene tres años menos que yo y la verdad que tiene un buen par de meneos. En los últimos tres meses mis ex más importantes han hecho una serie de apariciones que me provocaron un batiburrillo mental, y el decirme a mi misma, hasta aquí. Apaguemos el interruptor de los sentimientos temporalmente. Al chico de los ojos azules, que aunque no es un ex, me tenía taladrada la cabeza, también lo he aparcado.
Lo que venía diciendo es que mi jornada laboral consiste básicamente en pasar 5 días a la semana con mi jefe, mano a mano, de risas, cachondeo y por qué no ... cierto tonteo. Desde hace poco más de un mes que llevo en este nuevo trabajo, la evolución de nuestra relación ha sido brutal. Hasta el punto de que nos parecemos mucho, tenemos el mismo humor, congeniamos "demasiado" bien, y flirteamos sanamente. Al trabajar dos en una barra siempre hay unos roces, por mínimos que sean, y es inevitable que en un momento de lío, hay un roce de culo o algo similar sin malicia. Y siempre va acompañado de un perdón por ambas partes. Lo típico de cuando conoces a una persona que evitas el contacto físico por falta de confianza. Yo soy una persona muy expresiva, y como digo yo, "tocativa". Me gusta tocar cuando estoy hablando con alguien, cuando vacilo de risas. Me refiero a un toque en un hombro por ejemplo para captar toda la atención supongo. Pero ahora ya la cosa ha evolucionado, a que él me agarra de la cintura cuando quiere apartarme para pillar algo, y yo a él también claro. Son pequeños detalles, sin importancia si fuésemos colegas de toda la vida, pero se está creando una cierta tensión. Buena por supuesto. La última hora del día, como no hay mucho lío, nos sentamos cada uno a un lado de la barra y hablamos. De nosotros, supongo que por eso nos estamos conociendo más. Todos los días me pregunta qué tal estoy. Puede resultar algo absurdo, pero muy pocas personas me preguntaron a los largo de mi vida como estaba, y menos todos los días. Aunque suene a rutina, no lo es, porque no es "Hola, cómo estás?", si no que me lo pregunta  lo largo de la tarde. Yo no suelo ser la primera que se lo pregunto. Pero sí que noto mucho cuando tiene días malos, y ahí es cuando me intereso. Y evidentemente no tenemos la confianza como para contar libremente lo que nos pasa, pero hoy me lo encuentro frente a mi, sentado en la barra, contándome que no estaba en una buena época. Sin saber de qué me hablaba, le he soltado un par de frases, que le han marcado y fue como leerle el pensamiento. En ese preciso momento,se me ha quedado mirándome a los ojos y me he acordado de que esta última noche soñé con él. Y soñé que me besaba apasionadamente después de llevarme de compras a no sé dónde. Así que en ese momento no sé qué cara he puesto, pero me puse a recoger cosas por la barra, mientras él se quedó embobado mirándome. Y era ya hora de irme, así que me dijo que si quería podía irme. Le dije que no, que me quedaba un rato más. Hasta que llegó un amigo de él, y ahí si que ya dije... es la hora.
No voy a darle más importancia a esto de la que tiene. No hay sentimientos, no hay nada. Es un terreno peligroso, pero me he dado cuenta de que por mucho que yo me empeñe en ser de piedra, sí que tengo ganas de las tonterías típicas de estar con alguien rodeados de gente, y sentir que estamos solos y que nos da todo igual.
El amor ... el deseo ... y los calentones!!!

jueves, 20 de noviembre de 2014

El placer de dormir con la conciencia tranquila.

Todo en orden. Estable. Sin miedos. No hay tiempo para pensar demasiado. Posiblemente por ellos está todo tan calmado. En el fondo sé que hay algo que quiere salir, pero no sé ni de qué se trata. Se aprovechan más las horas, y los días rinden mucho más, a pesar de que las semanas se pasan volando. La rutina, los horarios, son los que provocan esto. Y el estar a gusto. Se dice que cuando uno está a gusto, el tiempo pasa mucho más rápido. Pero dormir todas las noches con la tranquilidad de que se ha aprovechado el día y de que todo está en orden, es una sensación totalmente nueva. Supongo que el venir de una época llena de conflictos (digo época porque decir desde siempre asusta un poco), ayuda a verlo todo de otro modo. Más calmado. Los pequeños detalles son los que importan. Un guiño, una sonrisa de los clientes, una pequeña propina, un agradecimiento por tu trabajo, y sobre todo el comentario más repetido: la chica que siempre sonríe. Me gusta que se vuelva a decir eso. Porque sí, cuando tenía mis 15 años,  pesar de ser una época "tenebrosa" yo sonreía y disfrutaba de los buenos momentos, y siempre estaba de cachondeo, y y de aquellas me decían: siempre estás sonriendo. Y soy consciente de que eso se había perdido. Pero ha vuelto. Yo he vuelto. Con más experiencia, con más cabeza, con los pies en el suelo. Lo malo ya no se percibe tan malo y lo bueno sabes que son pequeñas pinceladas de todos los días, a las que te tienes que agarrar para que día a día consigas hacer unos trazos firmes y positivos.

Disfrutar con mi trabajo, conociendo a gente nueva, teniendo el apoyo de la gente de siempre, es impagable. Para todo lo demás hay tiempo.Y si no llega, lo días pasan tan rápido que hay que amargarse lo justo y necesario. Esto es fácil de decir,sí, pero son rachas que hay que valorar. Y ya me tocaba una época de tranquilidad.

  Y que dure...

jueves, 13 de noviembre de 2014

El 12 del 11. 16 años.

Esas malditas frases del tiempo en el momento que te las dicen son una auténtica basura, porque no reconfortan absolutamente nada. Te las dicen y te dan ganas de darle un tortazo al que te lo suelta. Y cuando uno mismo se las dice a alguien, a mi al menos me dan ganas de pegarme a mí misma. "El tiempo lo cura todo". "El tiempo pone a cada uno en su sitio". "El tiempo te dará la razón". El tiempo ... el hijo puta pasa cada vez más rápido, haciéndonos más sabios (a algunos, otros siguen igual de estúpidos, o más que siempre).
Estoy en esa época en la que me sorprendo a mi misma diciendo "hace 10 años ya de eso..." y miro hacia arriba, o hacia un lado, buscando la nada y visualizando en mi cabeza un montón de recuerdos enlazados imposibles de enumerar verbalmente.  Y todo lo que pase de más de 15 años, te pega un vuelco en la cabeza, en mi caso, porque ya hablamos de más de la mitad de mi vida. Y efectivamente, ha llegado ese momento en el que llevo más tiempo de vida con mis padres separados, que con ellos juntos. Sé que me prometí a mi misma no volver a profundizar en el tema en cuestión, pero la sensación que me produce ese recuerdo, no es mala. No sabría como explicarlo de una manera exacta, se trata de un visionado entero y perfecto de la evolución de mi personalidad. Es inevitable el plantearse como sería yo si ellos no se hubiesen separado. Pero a los 5 segundos se me quita la idea de la cabeza, porque sé que no llegaría a ser como soy. Me gusta mi carácter, me gustan los retos, echarle agallas a todo, y al mismo tiempo esa sensación de flojera previa a cada momento importante que me hace ver que no soy tan de piedra. En definitiva, las fechas, son solo eso, fechas que recuerdan momentos. Y en este caso sí que es verdad que el tiempo lo pone todo en su sitio, y no lo cura todo, pero vamos aprendiendo a convivir con los traumas y las dificultades.

Progresando adecuadamente.

domingo, 9 de noviembre de 2014

Los 30.

Ha terminado esta semana y media llena de celebraciones. La entrada a los 30 ha sido a lo grande y con buen pie. Pasaban los días y me encontraba con felicitaciones y con regalos totalmente inesperados, de gente que por primera vez en mucho tiempo se ha esmerado. Debo destacar dos celebraciones demasiado curiosas y que me han hecho pensar profundamente. La primera, y siento (o no), decir que fue tremendamente genial. Una cena con toda la gente que me rodea actualmente, y que siempre está presente, que me han demostrado que lo están mucho más de lo que yo me esperaba. Muchas risas, muchos regalos chorra y no tan chorra, y en general muy buen ambiente.


Una tarta espectacular, y debo decir que el día fue mucho mejor de lo que me esperaba. A pesar de que apenas estuvo ninguna de mis amigas, porque se dio la casualidad de que todas tenían algo mejor que hacer. Y por lo que se ve, el juntarnos incluso en fechas importantes, ya no resulta tan "importante".
A lo largo de toda esta semana llegaron las felicitaciones tardías, y las sorpresas como cartas, bombones, y visitas al trabajo de gente que merece la pena.
Ayer, por decisión de ellas, tuve cena con las niñas.




No sé por qué tenía el presentimiento de que no iba a ser una buena noche. Era una quedada por cumplir, sin ganas, y sinceramente, prefería haberme quedado en mi casa porque no tenía ni ganas de salir este fin de semana, que entre arrastrar horas de sueño de toda la semana y el curro, estaba realmente agotada. Y al fin y al cabo, así fue. Una cena más, que se convirtió en algo muy serio, con conversaciones que no eran el momento de sacarlas, pero que claro, al no juntarnos, pues se sueltan cosas cuando se puede no cuando se quiere.

De todos modos, tengo un debate extraño en mi cabeza. Mis amigas están en un momento en el que la mayoría llevan tiempo con sus novios, algunas viven con ellos, y digamos que están más asentadas. Aunque en mi cabeza el estar asentada no va ligado a "somos un muermo". Y para mí, el tener 30 años, no me cambia nada. Quiero seguir siendo extrovertida, de hecho gracias a ello, pude celebrar uno de los mejores cumpleaños con mucha de la gente que conocí más a fondo este último año, que la gran mayoría son mucho más jóvenes que yo, pero por lo menos están con ganas de vivir, no con ganas de aburrirse. Quiero seguir soltando burradas como la que más, y reírme a todas horas. Tener conversaciones serias cuando hay que tenerlas, no colarlas cuando no es el momento. Y estar con la gente cuando me apetece, no por obligación. Siguen siendo ellas, y las quiero como a las que más, pero echando la vista atrás, siempre tuve otro grupo de gente con los que moverme que me aportaban muchas cosas más afines a mi, de lo que me pueden aportar ellas.
En definitiva, en estos momentos, estoy rodeada de un montón de gente que me aprecia, tengo un trabajo en el que me tratan como a uno más y cuentan mucho conmigo, y me aprendemos tanto ellos de mi como yo de ellos, y me siento con ganas de disfrutar el tiempo. Que una cosa es que yo me vea con ganas de pasármelo bien, y otra es que no tenga la cabeza amueblada y no sea consciente de que 30 años, son muchos años, llenos de muchas experiencias. Pero gracias a esas experiencias, tanto a las buenas como a las malas, siempre diré lo mismo: estoy muy orgullosa de cómo soy, de dónde estoy y de cómo estoy.