La preocupación en este caso, no es el paso del tiempo. Es la continuidad entre lo largos y productivos que fueron estos primeros 30 años, y la aceptación de la nueva etapa, que se planta aquí y ahora, sin apenas darme cuenta, sin avisar. Están aquí. Esos 30 años que suenan tan bestias porque están marcados socialmente como una referencia de que a esta edad, deberíamos tener bastante claro el tipo de vida que deberíamos llevar, en comparación con las vidas de nuestros padres. Es el momento de independizarse, casarse, tener hijos y un trabajo estable... o eso es lo se nos pretendía inculcar desde mocosos. Evidentemente, nadie contaba con el factor sorpresa, de que actualmente todo es un caos a la hora de encontrar trabajo. Ahora no vale lo de "haber estudiado", porque aunque se haya hecho, todos estamos igual de jodidos. Pero el tema en sí no es este.
Si hacemos un breve resumen personal, partiendo de la base de que soy hija de padres separados desde los 14, que sólo tuve dos novios formales, de los cuales de uno apenas tengo recuerdos, y del otro podría contar con pelos y señales todos los días que pasé con él hasta hoy, componiendo una bonita y curiosa historia, y todos mis demás amoríos fueron basados en mentiras, engaños, y en ser una experta en ser "la otra", podríamos decir, que llevo 10 años sin novio, y que por algo será. Por gilipollas posiblemente.
No es un tema que me preocupe excesivamente el quedarme sola, o incluso no tener hijos, porque es algo que desde nunca me he planteado. Siempre estuve muy ocupada en lidiar con situaciones personales conflictivas, como para perder el tiempo pensando en el día de mi boda o en como le llamaré a mis hijos en caso de que supiese cuántos querría tener. Aunque suene raro, y la mayoría de las tías en algún momento, unas más que otras, se planteen este dilema existencial, para mi nunca fue relevante.
En cuanto al trabajo, a pesar de siempre tener un pánico atroz a todo lo que me propongo, soy consciente de que tengo ciertas cualidades que son espléndidas para dedicarme a algo que realmente me flipa más de lo que yo misma puedo ser consciente. No me preocupa a día de hoy estar sin trabajo, ya que el último año en este sentido, fue espectacularmente positivo.
Y después de esta no tan breve introducción, viene el planteamiento de la llegada de la nueva etapa, de los 30. A simple vista, puede resultar un absurdo tener este planteamiento. Supongamos que hasta ahora, todo se hacía difícil, a veces demasiado, y en ciertas edades tendemos a ser catastróficos con simples problemas efímeros. Es lo normal, ya que estamos forjando nuestra propia personalidad en función de todos los factores sorpresa que a cada uno nos van llegando. En muchas ocasiones, cuando conozco a gente, y les cuento pequeñas pinceladas personales, veo salir esa típica cara de póker, de no saber qué decir. Prefiero esa cara, a no la cara de lástima. Que alguien sienta lástima por ti, es lo peor del mundo, porque realmente es como que notan que la situación no está afrontada. Siempre fui de masticar, digerir, y comentar tiempo después. Precisamente para evitar esas reacciones, que son normales, pero que a mi, personalmente nunca me ayudaron. Por lo tanto aprendí a contar mis problemas como anécdotas. No a pedir consejo. Si no a contarlos cuando yo ya los tenía masticados.
Supongo que quería enfocar este blog como lo que sería "la entrada a una nueva época", pero no podía evitar dar unas pequeñas, mínimas pinceladas, de quién soy, para poder seguir avanzando.
Y todo lo que quería decir, cuando empecé a escribir este post, se resumen en esto:
Esa extraña sensación de ver llegar los 30, y sentir a partes iguales que no los tienes pero que están ahí, y a pesar de por una vez, sentirte que vives la edad que te corresponde, ni más madura ni menos, crees que tienes toda una vida por delante. Y la tienes, pero no del mismo modo del cual la estabas viviendo, si no que es una etapa totalmente nueva en donde los problemas son de verdad, eres más fuerte de lo que crees, y los miedos pueden llegar a controlarse. Y todo se soluciona con: hay un momento, siempre hay un momento, y cuando se va, aparece otro, y así contínuamente. Porque ni las cosas buenas ni las malas están permanentes, si no que van cambiando y se van modificando en función de nuestra propia evolución.
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