Y ahí estaba yo, comenzando mi día de compras, preparándome para una dura batalla, pensando en que si lo hacía bien no tendría por qué volver hasta dentro de 3 meses o más. Es época de cambio de temporada, por lo tanto entré en una tienda, en la cuál vi al único dependiente sumergido entre cajas de ropa de nueva colección, todavía sin marcar. No le presté demasiada atención, de hecho suelo esquivar a los dependientes que se ofrecen a acosarte mientras compras. Dije un hola dirigiéndome a las estanterías, y me puse a lo mío. No sé por qué me sentí un poco incómoda estando los dos solos en una tienda tan grande. Se supone que en las grandes superficies siempre hay un caos loco de tías por todos lados, y novios que les sujetan las bolsas. Me acerqué a la caja a pagar, y pude ver como el dependiente estaba ocupado entre caja y caja agachado bajo el mostrador, así que tuve que captar su atención, con un : "Hola, me cobras?".
De pronto tengo ante mi un chico muy mono, con unos ojos azules que si me pidiesen bajar de planta con un salto mortal con triple tirabuzón, lo haría sin pensarlo. Muy amablemente, con una sonrisa increíble, me pidió mi nombre y mi número de teléfono. Si tuviese un espejo delante mío, seguramente vería como mi boca y mis ojos sonreían. Me quedé con que esos ojos me sonreían a mi, y que ese chico me acababa de pedir mi teléfono, y segundos después de salir por la puerta me escribiría al wass y viviríamos una historia de amor increíble. La realidad es que me había ofrecido hacerme la típica tarjeta para descuentos de esa tienda. Como voy muy poco de compras, nunca me las hago, y siempre digo que no al momento. Pero esos ojos me hipnotizaron, y me alegraron el comienzo del día. Cada uno percibe la realidad como le da la gana no?
Volviendo al tema del hilo musical... llevaba ya varias tiendas recorridas por ese inmenso centro comercial, un poco perdida la verdad. Estaba ya cansada, y tan solo llevaba ahí metida dos horas. Digo tan solo porque cuando voy con alguien más, siempre se duplica el tiempo de las compras, por eso yo suelo ir a lo mio. Y de pronto empezó a sonar una canción que me habías enseñado en no muy buen momento y que nunca había escuchado en ningún lado que no fuese en mi casa.
Y esos ojos azules, no los de aquel chico encantador que me había atendido esta mañana, si no los tuyos, se habían plantado en mi cabeza, y noté como una gran sonrisa se puso en mi cara acordándome de ti. Y mi día de compras finalizó en ese momento. Sentí un alivio enorme, como si realmente estuvieses a mi lado, sonriendo conmigo como dos gilipollas.
Y esta es la única manera de hacer los días llevaderos, con pequeñas sorpresas, que nadie más entiende, que te sacan una sonrisa. Sin más.
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