lunes, 24 de agosto de 2015

Hablar de lo que no se sabe.

Llegados a este punto de incertidumbre social, laboral y personal, no me queda nada más que sacar todas las ideas de bombero que se me pasan por la cabeza. Tengo intenciones que se quedan solo en eso. Y así no se va a ningún lado. Tengo promesas que me hice, que no cumplí ni la primera. Tengo momentos de risa contagiosa, que a las dos horas se convierten en ira suprema y odio colectivo. Mi estado de ánimo es un caos, al igual que lo es mi día a día. Estoy harta de tantas cosas que incluso estoy harta de hartarme. Es demasiado cansino estar ahí complaciente para el resto del mundo, y notar que el mundo interactúa con uno siempre con algún tipo de intención. Nunca porque sí. Te empeñas en continuar tranquilamente, sin molestar al personal, pero el hobby preferido de algunos es molestar continuamente. Y así las relaciones sociales se tornan completamente caóticas. 
Nos basamos siempre en el "es que yo", y nos olvidamos del "si no te molesta". Y yo misma caigo en ese error de "no cedo, porque estoy cansada de que tú tampoco cedas". Me asquean los "es que había bebido bastante, y no lo recuerdo bien". 
Y lo que más odio profundamente, es que sin saber como uno mismo está, se dé por supuesto que si se está ausente temporalmente, no es porque me pase algo no. Es porque no me da la gana y soy una pasota, porque yo no tengo problemas y la vida me sonríe a todas horas, claro. A veces me sorprende el comportamiento de ciertas personas que no tienen ni puta idea. Que estar a todas horas feliz, no se lo cree nadie, y puedo ser el alma un rato, pero no las 24 horas.
Y si a mi me apetece quedarme porque estoy bien, y tú quieres irte porque te da la vena, a pesar de dejarme tirada, me parece perfecto. Pero no me arrastres. Márchate tú en tu amargura, pero deja mi paz y tranquilidad en calma. Un día la bomba va a estallar. Y no, ese momento precisamente no quiero que llegue.

  Pero va a llegar. 

viernes, 29 de mayo de 2015

Con lo fácil que es hablar, qué fácil resulta mandarlo todo a la mierda por callar.

Te diría que no lo entiendo porque considero que no me lo merezco. O vivimos en una realidad paralela o es totalmente injusto este comportamiento que tienes conmigo. No me creo que no supieses que llevo tiempo colada por ti. No me creo que puedas ser capaz de no dar la cara y de demostrarme que te importo menos que nada. Que te puedas quedar totalmente congelado ante la situación, y no hagas nada. Ni contestes, ni hables, ni saludes, que escapes, me ignores, y sea yo la que está detrás tuya para arreglarlo. Que ni si quiera tengas los huevos de marcharte para casa cuando quieras por el simple hecho de no cruzarte conmigo  a la salida.

Que puedes estar tranquilo que esta actitud me acaba de demostrar que no merece la pena que me moleste ni un segundo más en querer saber, o querer intentar arreglarlo. Que estoy harta de ser yo la que siempre persigue y nunca consigue.

Si te tuviese delante te diría esto y mil cosas mas que tendré que tragarme una vez más.

 Eso sí, una y no más. 

miércoles, 20 de mayo de 2015

O te vas o te quedas, pero no te quedes en la puerta.

No estás, y no es como otras veces. Nos tenemos pasado meses casi sin vernos. Sin saber ni mucho ni poco el uno del otro. Y siempre por mucho que no queramos, volvemos. Pero esta vez siento que es diferente. Esta vez siento como si te hubiese perdido de verdad. Me falta algo, y ese algo son esos ojos azules que me dan la ganas y la fuerza. Me has apagado sin sentido. Sigo enchufada y con el piloto rojo de encendido, pero ahí me he quedado. Apagada. Sin motivación, sin la sonrisa. Y lo intento, y lo fuerzo. Y no te echo toda la culpa. Estoy perdida y no es por ti. Pero sabiendo que estabas me sentía perdida pero segura.

Quiero pensar por lo que veo, que a ti tampoco te resulta cómoda esta situación. Quiero pensar que también le das vueltas a la cabeza. Y quiero creer que ese azul me busca, si no, no entiendo como siempre puedes estar en mi campo de visión. Y yo en el tuyo.

Y una vez más, odio esta puta mierda. Y cuando pienso que no va a volver a pasar, sigue pasando. Esta mierda del amor sigue doliendo. Aparentemente se aprende a convivir con ello. Pero por dentro sigue quemando, como si te bebieses una botella entera de tequila a palo seco que te deja por los suelos al momento, y al día siguiente.

 Cuándo se encuentra el momento preciso para hablar con alguien que está rodeado por un muro de hormigón?Qué se dice y cómo? Es de estas cosas que no puedes tragarte. Que saldrán tarde o temprano. Y lo peor es que cuanto más se espera, el porcentaje de que el momento sea el peor para hacerlo, va en aumento.

Estamos estropeados. No sé si esperas a que luche, o si me estás apartando. No sé si debo luchar, o tengo que apartarme por mi bien. Tengo dos versiones dentro de mi cabeza. La de que posiblemente es una pésima estrategia tuya de cobarde supremo que supera de un modo nefasto todas las maneras posibles de que pretendas que acabe en tus brazos. O por otra parte, que de verdad te arrepientes, y eres uno de los gilipollas más grandes con los que me encontré, no porque supieses que llevo tiempo colada por ti y me entrases para luego dejarme tirada. Si no por tu comportamiento de después, ese de no dar la cara, y no dirigirme la palabra, nada más que para mandarme un par de wass, después de no contestar a otros cuantos, repitiéndome esa puta frase de mierda: cuando bebo hago cosas que no debo.

De hacer cosas que no se deben a hacer cosas que no se quieren la diferencia está en decirlo.

Puedes volver ya, déjate de gilipolleces. 

domingo, 3 de mayo de 2015

Fuegos artificiales defectuosos.

Podría ser que no fuese verdad, o que realmente no fuese para tanto. Podría ser , de no ser que notas como se te rompen las entrañas, te cansas de pensar, sientes una presión en el pecho, y las sientes. Sientes como no puedes controlarlas, y caen y caen por tu cara, y no puedes ni limpiarlas, porque viene una detrás de otra. No hay sollozos, es un estallido silencioso. Duele. Realmente te duele. Y ahí, en ese preciso momento, es cuando eres consciente de lo que es querer a una persona. Y ahí sabes que es real, que no es un "es que no me quiere". No. No entiendes nada, pero sabes que está ahí, en medio de todo el caos que se creó absurdamente.

Lo tienes delante y te paralizas, te bloqueas, y no puedes dejar de mirarlo, porque necesitas sabes si te mira. Y te mira. Tanto como lo haces tú. Sería fácil pensar, si me echo tanto tiempo mirándolo, alguna vez me mirará. Pero no se trata de eso. Ojalá pudiese tener una maza para romper ese puto muro que se ha levantado bien alto. Y se romperá. Todo cuadra, todo encaja. Todo menos nosotros. Tú y yo, pero no un nosotros.

Y lo más difícil es que no hay un control posible de la situación. Somos dos bombas de relojería. De esas típicas escenas de películas en la que todo estalla, todo son gritos, y odio, que en un segundo se convierte en amor loco y desenfrenado, donde los dos se comen la boca como si no hubiese mañana. Y eso sí que es fliparse. Porque posiblemente todo quede en aire, una vez más. Y se acaban los momentos. Así que o estallamos o nos matamos. Y yo prefiero estallar, que por lo menos no me lo quedo dentro.

lunes, 20 de abril de 2015

Las historias bonitas incomprendidas.

Pasan las horas, y las pasas ignorándome. De pronto, capto tu atención, y es así como empiezan nuestras noches. Empiezas a pegarte a mi para no despegarte. Y me agarras por la cintura. Me agarras de las manos cuando nadie nos ve. Y te paras a mi lado en silencio, para romperlo haciendo el estúpido como siempre. Y ahí está ese dolor de mandíbula permanente. Las sonrisas, las risas y por supuesto las carcajadas. Los abrazos. Los mimos y el cachondeo. Hay que disimular. Como siempre.
De pronto salimos a fumar, los dos solos, no hay nadie más. Y vuelve a hacerse el silencio. Y eses ojos azules se me clavan. Y el tiempo pasa a cámara super lenta. Nuestros movimientos son muy lentos. Y esos ojos azules cada vez están más cerca. Y esa boca. Lo que daría por besar esa boca. Pues va a ser que me has leído el pensamiento! Me besas.  Unos besitos bonitos y pequeñitos. Lo haces tú. Después de tanto tiempo, de tanta espera, te has atrevido. Y mi cara se ilumina. Pero volvemos a junto de los demás. Para irnos a otro garito nosotros solos. Y ahí estamos de bailoteo, de arrimadito, de manitas, Todo de bonito. Hasta que veo que empiezas a beber demasiado, y nos vamos a un último garito. Ahí te vas un rato a hablar con el pincha. Después al baño. Y después de una trece/catorce en toda regla me veo sola. Te has ido. Y yo me voy a mi casa bajando santos para cagarme en ellos.

Al día siguiente recibo un wass tuyo. "Creo que ayer hice algo que no debía, además de beber muchísimo. Ruego que me perdones."

Algo que no debías? Que te perdone que me besases? este está de la olla.

"Lo que creo es que tenemos que tener una conversación. Por mi parte lo único que hiciste mal fue dejarme tirada. Por la tuya tú sabrás".

Y hasta hoy sin saber nada más. Hasta hoy te estarás retorciendo las neuronas. Pues no me importa. Apanda. Hasta ahora, nunca quise arriesgarme por miedo a creer que me estaba montando mi película. Pero resulta que esta vez has sido tú el que me ha besado.

Y los borrachos nunca mienten no?

miércoles, 8 de abril de 2015

Semana Santa (Parte2)

Era una época de caos y de dolor. Eran meses muy jodidos en los que mi cabeza se estaba hundiendo por culpa de ese "suicida". Y de la nada apareciste arrasando. Envolviéndome totalmente, como si estuviese en casa. Calmando mi tortura. Serenando mi locura. Sacándome sonrisas mientras me hiptonizabas. Creo que llegamos al mismo punto de miedo y terror. De,  no es el momento. Nos asustamos. Dimos marcha atrás. Pero esos ojos azules ya estaban dentro. Y cuando se entra amigo... tienes que hacer algo muy gordo para poder salir, y aún así siempre te quedas dentro. Yo soy así. Hay personas de paso, y hay personas que marcan pase lo que pase. Decenas de momentos surgieron. Cuando yo iba tu retrocedías, cuando tú venías yo me cagaba en los pantalones.
Siempre fui un hacha entendiendo las señales entre dos personas, pero siempre fui mala para adivinar las que se me hacen a mi. Pero en este caso, aunque me intento convencer de que tengo una maldita película montada entre mis ojos y los tuyos, no puede ser que todo sean casualidades ni invenciones.

Pasamos de no dirigirnos la palabra a las 3 horas siguientes no poder despegarnos en las 5 restantes, y porque no se pueden más. Nos subimos en tu coche. Y desde ese mismo momento supe que habías vuelto a encender la mecha de la vela. Ya dan igual las bandas de pasatiempo. Ya da igual todo. Acabas de revolver mi mundo. Otra vez.

Atención, risas, miradas. Y una habitación. Y dormir a centímetros de distancia. Y miedo. Y complicidad. Pero pánico. La simple estrategia de sentarnos a tomar algo y sentarnos el uno al lado del otro se convertía en un juego divertido. Qué más daba, si no estábamos codo con codo, estábamos mirada con mirada. Pero el contacto visual es algo que nos vuelve locos si no hay unas copas de por medio. Y las hubo, con sus acercamientos. Y llegó el momento de subir a la habitación. Entramos, y entre esas 4 paredes se hizo el silencio. Nos pusimos los pijamas, nos metimos en cama, y apagamos las luces. Sin un buenas noches. Con una tensión tan brutal, que no pegue ojo en toda la noche mientras tú hablabas en sueños. Y yo soñaba con que soñabas conmigo.

Pero todo cambió al día siguiente. Éramos uno. Cachondeo por parte de nuestros dos acompañantes de viaje. Y nosotros sabiendo que no había pasado nada. Pero algo pasó. Algo bueno en cierto modo. Volvimos a tirarnos un día entero juntos, con su noche entera de juerga. Hasta que me acompañaste a casa. Y volvimos a la misma sensación de mierda de siempre, de si le hubiese echado huevos igual ...

Llega el momento de las fotos, de verlas y de las ralladuras mentales. Y vuelven a llegar los mensajes indirectos directos del facebook. Siempre haces esa mierda. Y siempre que la haces pienso que es por mi. Y al mismo tiempo busco que sea por otra. Y vuelvo a cagarme una y otra vez. "Deja de darme tantos me gusta e invítame a una cerveza..." Estos estados deberían estar prohibidos. Y yo ahora no sé si alegrarme, o volverme loca, si decirle algo, si que me dé un infarto. Y como siempre, se pasará el momento (Si es que lo hay). Y como siempre me agobiaré. Y como siempre te sigo queriendo. Porque yo a ti, te quiero.
Y no me creo que no lo sepas. 

jueves, 2 de abril de 2015

Semana Santa de infarto (Parte1)

Ha llegado la calma. Siempre es cuestión de tiempo ordenar las ideas, calmarse y serenarse. Pero casi todos los factores siguen estando ahí permanentes y creo que ya se me está escapando un poco todo de las manos.
 Después de pasarme el finde en manos del teenager, el lunes tocó café y charla con el ex suicida. Que realmente posiblemente sea mi ex, ex-suicida. Está liando todo tan locamente como cuando estaba conmigo, simplemente cambia las jugadoras, y eso me pone de los nervios, pero me hace ver claramente que este tipejo no tiene perdón alguno, es más ni lo quiere ni se lo merece. Sus lágrimas de cocodrilo se las puede ahorrar.
Voy a colar por el medio la presencia del de los ojos azules que me ha planeado un viaje de semana santa con él, y otros dos colega en común por la costa de Lugo. Sería un detalle sin importancia de no ser que hace dos semanas se lo conté, y ese mismo día volvió a estar más receptivo que nunca. Así que compartiré dos noches de hotel con este individuo, y mis nervios están que no puedo ni comer. Mañana toca madrugón, pero la causa bien lo merece. Estos primeros días se semana santa me pasaron tan rápidos que me asusta. En menos de lo que me espere, estaré con unos vinos encima compartiendo habitación con esos ojos azules que me vuelven loca. Y de esta vez, si esa conversación que decía que yo me pedía de compi de habitación al que menos roncase, y él inmediatamente contestó que él me había pedido a mi, y que como el viaje lo organizaba él, chitón, no significa lo que creo que significa, yo me retiro de por vida del terreno de juego. Y conociéndome no sin antes decirle 4 cosas. Que ya llevamos mucho tiempo con la tontería, y si me vienes de abracito en abracito luego no me vengas con chorradas. Que calentar sabemos todos.
Por último mencionar que ayer pasé la noche con el chico de por la semana, y que después de estar dos meses quedando con él, ahora me siento un poco mal.
Nunca estuve a tantas bandas, y no es sano, pero también soy consciente, de que si el chico de los ojos azules no volviese a hacer acto de presencia y de este modo, no me sentiría tan mal. Y ahora a dormir, que mañana empieza la semana santa de verdad... y yo de santa tengo más bien poco.

Pero que me quiten lo bailado!!

miércoles, 25 de febrero de 2015

Lo reconozco. Se me está viniendo un poco grande toda esta nueva situación. Y para que yo reconozca semejante cosa es porque de verdad que estoy con la cabeza saturada. Está claro que por mucho que se intente tirar y tirar, y disimular, e intentar crear un ambiente decente de calma y sonrisas, todo acaba saliendo por algún lado.

Los sueños son pesadillas, las noches son inestables, y aunque me puedo permitir el lujo de darme un atracón de series y películas, tengo la cabeza tan saturada, que me cuesta aguantar como antes hasta las 3 de la mañana despierta. Me quedo dormida antes, en mitad de un capítulo. Y cuando cierro el ordenador y me pongo a dormir, o bien es imposible, o bien mi cabeza empieza a soñar con todo aquello que intento apartar, y tengo sueños alocados. Mezclo conceptos, ideas, personas, lugares. Pero todo tiene un significado. Así está mi cabeza. Un batiburrillo de cosas que no me paro a afrontar ni a pensar, por lo tanto no se ordena.

Cerrar los ojos, y no poder coger la postura tranquila para dormir. Y la ansiedad. Ese ir y venir de todas las cosas. Ese forzar en pensar en un elefante rosa por ejemplo, y no conseguirlo. Aparecer las caras de personas y empezar a desvariar. Mis jefes, el suicida, el de los ojos azules, mi madre, el irme o quedarme. La incertidumbre con un montón de cosas que no están de mi mano.

Pero lo peor de todo es esa presión que no sé de dónde sale, ni sé cómo evitarla. Una intranquilidad constante. Un no sé qué hacer, si puedo hacer un montón de cosas, pero al final no las hago. Un huir de lo importante. No es propio de mi. Y sé que hoy escribo esto, y mañana me levantaré y diré, pues al toro por los cuernos. O no. Lo que si sé es que soñaré. Y lo haré contigo. Y no me disgusta. Porque aunque los demás sueños sean pesadillas, en los que sales el único problema viene cuando me despierto.

Y sé que solo fue un sueño. 

viernes, 20 de febrero de 2015

Otro punto y a parte.

Lo más interesante de que pasen los años, son esos momentos, pequeños grandes instantes en los que te miras desde fuera, y te sorprendes a ti misma de lo bien que has evolucionado con el tiempo.

Cada uno tenemos nuestro carácter, nuestra propia manera de ser. Con sus virtudes y sus defectos. Sobre todo con los defectos. Y la evolución personal consiste en reconocerlos y saber afrontarlos y cambiarlos.

En las últimas semanas, estoy viviendo un caos. Pero no del tipo, todo me sale mal, y todo es una mierda. Más bien es del tipo, caos emocional, y hay que priorizar situaciones. Hoy oficialmente, me he quedado sin trabajo, después de que la semana pasada me hayan largado antes de lo que me esperaba dándome los días de vacaciones que me correspondían. El estado en el que me encuentro, se resume a una gran calma. No me siento bien ni mal, simplemente todo está en calma. Por momentos me vienen pinceladas a la cabeza, pero todavía no estoy preparada para asimilar lo que se viene ahora. Porque estoy inmersa en una completa incertidumbre. Pero no me da la gana de que cunda el pánico. En peores plazas tengo toreado.

Se da la casualidad de que todo se descontrola cuando el sujeto suicida entra en escena. Esos malditos fantasmas del pasado, que siguen apareciendo. Y te siguen haciendo más fuerte y más cabal. Y una sucesión de colegas que se vienen de vacaciones, o bien se acuerdan de ti, y hacen que hables, y cuentes una y otra vez lo mismo. Lo has contado tantas veces que empiezas a creértelo. Pero no tienes tiempo de darle ese dramatismo que se merece. Porque todo está calmado.

Creo que se trata del instinto de supervivencia llamado también "estoy hasta el carallo de todo, hasta aquí". Me refiero sencillamente a que aprendí a controlarme. A separar lo principal de lo secundario y a intentar llevarlo todo con un orden. Sin altibajos locos, un estado de "yo me lo guiso yo me lo como, y también lo digiero". Esto pasa cuando la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, y nada de lo que te ocurre es provocado por ti. Las cosas ocurren sin más. Y menos mal que pasan, igual que pasa el tiempo. Y sabes que hay momentos en los que debes dejarlo pasar sin pena ni gloria para que todo se estabilice por sí solo. Al mal tiempo buena cara, dice mi paraguas, Ese el cuál tengo que ir a buscar al trabajo donde les llevó 40 segundos largarme. Doy 10 segundos extra para no parecer exagerada.

Quizás sea fuerte si. No se cansan de repetirlo. Pero quizás también esté cansada de agobios, desprecios, malas caras y tonterías varias.

Y está demostrado científicamente por mi misma, que si disfrutas y sonríes, aunque las cosas se tuerzan, también vives. Incluso mejor.

lunes, 2 de febrero de 2015

Nunca choveu que non escampara.

Se acabarán  las caras largas y los días grises. Solo hay que dejar que pase el tiempo sin pena ni gloria para que aparezcan de nuevo los días de ganas y las sonrisas.

Después de una larga semana de reflexión, mi cabeza intenta ponerse en orden. La idea de que te vayan a renovar en el trabajo por 3 meses más, cuando el ambiente es turbio, parece que puede reconfortar un poco. Pero cuando te dispones a firmar, y ves, que no, que tan sólo es por un mes, y deduces que es porque es el mes de la fiesta gastronómica de aquí, y te necesitan... Todo se vuelve un asco de golpe. Porque en dos semanas y media, me vuelvo a quedar sin trabajo. ¿Los motivos? Porque la cosa está jodida. ¿Los motivos reales? La cosa está jodida conmigo por mucho que no lo reconozcan. Y cuando a mi me da algo en el cuerpo... es porque mis presentimientos suelen ser certeros. Que de tonta no tengo un pelo.  Así que ahora toca hacerse a la idea de que en 3 semanas vuelta a empezar con la incertidumbre de qué haré con mi vida.

A esto vamos a sumarle que recibo una llamada en la cuál se me vuelve a pedir perdón por haberme jodido la vida. Y se me da una explicación de película de pánico la cual aún por encima no es inventada. Llena de mensajes y llamadas anónimas a una novia desquiciada a la cuál maltrataron psicológicamente  en relaciones anteriores, con un complejo de inferioridad supremo que se incrementa con estos hechos, y con una luna del coche rota a propósito. Lo más loco, es que yo estaba siendo espiada por ese anónimo, y resulta que me sacaban fotos y me tenían controlada. Y vamos a sumar un ex que va a un psicólogo (no me extraña), que anda empastillado perdido, porque quiere suicidarse.

Así que si, aquí la señorita va a dejar que pase el tiempo, y a dejar que por sí solo se ponga todo en su lugar.
Es lo que pasa cuando tu ex suicida cumplió años ayer, y tu ex más importante cumple años mañana, que te toca jornada de sacar trapos sucios, porque la mierda también atraganta.

Y hay un momento en el que llueve y llueve, y parece que no va a parar nunca.

  Pero no llueve eternamente. 

miércoles, 21 de enero de 2015

Tenemos que tomar un café un día. Pero sabemos que no vamos a hacerlo.

Son numerosas las ocasiones en las que te cruzas con alguien y acabas diciendo "a ver si quedamos un día para tomar un café". A sabiendas de que ninguna de las dos partes se acordará, o de ser así se pondrán millones de excusas. Y en el caso de llegar a quedar, será una situación totalmente forzada y por cumplir.

Lo jodido viene cuando la persona que más daño te hizo, te wassapea dos años después para pedirte perdón. Y tú te comportas de un modo diplomático. Y empieza a dar señales de vida aunque esté muerto por dentro. Y llega a darte hasta pena, recordando en todo momento que no puedes creerte ni una maldita palabra que salga de su cabeza. Y aparece esa absurda frase de "tenemos que tomar un café". Y tú te la replanteas, porque tienes un montón de dudas que esperas resolver, o simplemente escuchar en directo todo aquello que tiene que decirte. Pero ves que los meses pasan, y que te lo sigue recordando, sin fecha, porque nunca tiene tiempo. Pero siempre tiene tiempo para aparecer y rodearse de vuestros colegas en común, aquellos de los cuales rajaba, diciendo que eran gente de paso, cuando el que siempre fue de paso era él.

Y una vez más, te sientes estúpida. Tiene que ganar siempre su estúpida cobardía por culpa de sus aires de derrotado. Porque hay gente que vive de dar pena. Que no es lo mismo que no levantar cabeza. Y te cuenta mil milongas, y sabe como manipularte. Hasta que tú aprendes a manipularlo y si quieres culpa, toma siete tazas.

Las excusas para ese café te las puedes meter por el culo apretado con el que andas por ser un cobarde. 



jueves, 15 de enero de 2015

Silencios cómodos a las tantas de la mañana.

Me gusta tener secretos. Me gusta guardarme mi vida secreta. Hechos que no reconocería nunca. Porque son míos. Sean hechos sola o compartidos. Hay experiencias que dejas de vivir una vez que las cuentas porque la opinión de otro te condiciona por muy poco que sea. Y a mi me gusta disfrutar. Y estoy aprendiendo a ello. Lo tenía muy olvidado. Tanto que no recordaba como se hacía. Y a la vista está en las sonrisas y carcajadas de todos los días.

A veces tiro con ese muro que tengo, y dejo entrar a alguien, para que me mime y me quiera. Sabiendo que ese muro será levantado de nuevo. No sé cuándo pero sí. Pero a mí me gusta estar horas desnuda en una cama mientras fuera está nevando. Y que me llenen de mimos. Y me sonrían. Adoro a la gente que se le ilumina la cara con una sonrisa nada más verme. Y reírme. Y sudar y volver a reírme. Y volver a mi casa pisando la nieve. Y que sean las tantas y así varios días seguidos. Disfrutando de algo que tiene fin, y que no va a doler. Y sentir por un momento que soy lo más importante en ese instante. Que la escena la dirigimos, y como toda película tiene un fin. Y mucho más si es una saga. 

Porque no hay príncipes azules. Pero podemos fingir que sí durante un breve período sin que acabe en un "y fueron felices y comieron perdices". El fin es, "y se lo pasaban de lujo y se comían el uno al otro".

Por primera vez noto que la vida por momentos puede resultar vacía, sin problemas sin alegrías. Y en mi mano está buscar unas cosas u otras. Opto por las alegrías, mientras duren. Es lo que tiene sentirse una bien consigo misma. 

Porque hay un momento. Siempre hay un momento para dar marcha atrás o para disfrutarlo. 

miércoles, 7 de enero de 2015

2015. Empezamos.

En ocasiones pensar con la cabeza demasiado puede hacernos perder oportunidades relevantes, o simplemente pequeños momentos en los que disfrutar. Los "y si ..." no pueden estar continuamente en nuestra cabeza. A los 30, lo meditas todo mucho más en función de la edad que tienes. Básicamente por el qué dirán y el cómo te verán. Pero es un grave error el privarse por los demás de algo que apetece en ese momento. Así que te dejas llevar, siempre en situaciones que en el fondo tienes controladas, y disfrutas. Disfrutas de vivir, de una misma, y sonríes enormemente porque has añadido algo más a tu lista que vas creando sobre la marcha de "cosas que hacer a partir de los 30".

Así que haciendo un balance de comienzo de año dónde la juerga está presente, los adolescentes también, y que pensaba que me iban a echar del trabajo y sin embargo pasa todo lo contrario y me renuevan... volvemos al punto de partida de que los 30 molan que te cagas. Ganas sabiduría con cada experiencia. Aprendes a darle la importancia que se merece a todo. Y lo más importante es que no tienes que sacar las fuerzas de dónde no las hay. Sabes exactamente qué cantidad coger y la usas como si de una poción mágica se tratase de la cual sabes su fórmula para rellenarla si se está acabando.

Y ahora que han pasado las navidades, todo va encaminado hacia arriba. Hasta nuevo aviso. Pero siempre hacia adelante, no hay retorno al pasado.