miércoles, 3 de septiembre de 2014

Tú.

Estuve mucho más obsesionada por esos ojos azules de lo que estoy ahora. A pesar de ello, no sé por qué extraña razón en las últimas dos semanas no dejo de soñar contigo. Esa pausa de meses después de la tormenta, y esta calma que ahora nos invade. Los huecos para encontrarnos con risas y sonrisas. Los silencios cómodos eternos, a los que tengo que ponerles punto y final marchándome para no volver a la tormenta. Los roces que se graban en la memoria y se repiten una y otra vez. El aparecer cuando no te busco y el desaparecer cuando lo hago. Ese jugar al gato y al ratón y ese comportarse como el perro y el gato. Todavía no tengo demasiado claro, quién es el gato. Tal vez lo seamos los dos y por eso llevamos 2 años con esta historia de idas y venidas, de ahora parece que sí, pero no... ahora parece que no, pero si.

Supongo que el despreciable que me destrozó las entrañas, lo hizo tan bien, que ahora me resulta imposible tirarme a la piscina. Pero es que contigo tirarse a la piscina tanto puede ser un baño refrescante, como es necesario lanzarse con manguitos, flotador, casco, rodilleras y tener un despliegue de emergencias fuera con helicóptero incluido por si el golpe es mortal. Que nunca es mortal, tampoco vamos a dramatizar, pero una se conoce muy bien a sí misma y no tiene ganas de que le quiten el parche, si no más bien de que la recompongan un poco.

 No recuerdo como apareciste de la nada cuando ya estabas. Realmente te fuiste abriendo hueco mientras este individuo en común me estaba destrozando la vida. Y sin darme cuenta esos ojos azules me estaban conquistando, podían atraparme durante horas de conversación a pesar de estar rodeados de gente. Te convertiste en mi escolta y yo en la tuya. Éramos impenetrables por el exterior más de 5 minutos. Siempre uno al lado del otro. Sin perdernos de vista ni un minuto. Y los miedos aparecían para romper esa calma. Y tanto tú como yo sabemos que cuando tenemos miedo, nos bloqueamos. Y lo damos todo por perdido. Y pensamos que lo mejor es desistir. Pero después de nuestras pausas, siempre llega un momento, siempre sin contar, en el que no nos podemos aguantar. Y pasamos del silencio de simplemente saludarnos y despedirnos, a volver a estar el uno al lado del otro sonrisa tras sonrisa. Y sabes qué es lo que más me gusta de ti? Que me fío y confío en ti, y eso me hace sentirme segura a tu lado. En mi cabeza tengo un debate existencial. Por una parte, no me veo teniendo una relación estable, porque digamos que  a estas alturas, va a marchas más forzadas, que es genial eso, pero no sé si estoy preparada. Por otro lado, me veo rodeada de veinteañeros alocados, que hacen las cosas sin pensar, viviendo la vida como quizás hay que vivirla. Y no sé por qué, ahí apareces tú siempre, para hacerme ver, que contigo no tendría miedo. Que contigo sí que lo haría. Y nos veo en infinitas situaciones. Y de este modo, nunca me había pasado con nadie. Así que una vez más supongo que los 30 están ahí empujando y empujando.
Sé que seguiremos jugando, y que posiblemente uno de los dos dé el paso de seguir con su vida con otra persona. Pero siempre me repito: si no lo hemos hecho ya, ni uno ni el otro ... por qué será?

Resulta que al final sí que sé la razón de por qué sueño contigo..


No hay comentarios:

Publicar un comentario