lunes, 15 de septiembre de 2014

Cuenta las vueltas que podemos dar. Quizás algunos puedan vernos riéndonos.

Los ojos de las personas dicen mucho tanto de ellos mismos, como de la complicidad que tienen con la gente con la que interactúan. Mirar a alguien y notar que por mucho que el tiempo pase, sigue estando ahí, es de lo mejor que existe. Convivimos con 3 tipos de personas (pensando en positivo).

Las que nos acompañan a lo largo de nuestra vida. Esas que no tienen por qué ser del mismo círculo cerrado, pero con las que cuentas las veas o no. Las que en los momentos importantes tanto buenos como malos, sabes que puedes contar con ellas por los siglos de los siglos. Estén cerca o lejos, forman parte de tu vida y tú de la de ellos.

Las que están de paso. Con las que convives día a día, y tienes una relación cercana pero en menor medida que los que están metidos en la saca anterior. Que si tienen algo que hacer más importante, o simplemente no les apetece, no van a estar a la hora de la verdad, porque tienen su propio círculo de gente que la acompañan en su vida. Y estas personas van cambiando con el tiempo, nunca se mantienen por mucho tiempo. Los de relleno, por así llamarlos, aunque suene bastante mal.

Y por último están esas personas, contadas, con las que compartiste un momento puntual en tu vida, y es un momento común. No están nunca, aparecen cuando menos te lo esperas, y cuando las miras a los ojos sientes que no están, pero no se han ido. No importa cuánto tiempo haya pasado, ni todo lo que habéis vivido por separado, ni tampoco importa ponerse al día. Simplemente disfrutas ese nuevo momento, que sin duda será increíble y lo añadiréis a vuestra historia personal común, en la que nadie más puede entrar, ni puede entender. Se para el tiempo, se para el mundo, y se aparta todo lo que es importante durante ese instante. Que puede ser de 5 minutos o de 4 horas. Pero disfrutas de esa compañía como si fuese la última vez. Aprovechar el tiempo se hace duro día a día, pero aquí es cuando realmente valoras que es posible disfrutar libremente, sin problemas, sin presiones.

Un acercamiento entre la multitud, que crea inmediatamente una burbuja imaginaria aislante de todo. No hay tiempo para silencios, sólo risas, sonreír con los ojos, vivir el momento y dejarse llevar. Ser libre para hablar y hacer lo que te da la real gana sin pensar en consecuencias. La situación es una propia consecuencia que está ahí y hay que disfrutarla. Sientes que lo siente del mismo modo que tú. Y eres feliz por un momento, de estar ahí. Un año más, en ese mismo sitio dónde os conocisteis. Rodeados de la misma gente, ajena a lo que realmente pasa. Incluso uno mismo no es consciente de lo que está pasando, hasta que se acaba el momento.

Y en la oscuridad notas que estás protegida, durante esos 5 segundos quieres que se pare el tiempo de verdad. Estás en casa. Nadie me había vuelto a abrazar y besar como lo hacías tú... hasta que has vuelto a aparecer.

La importancia que se le dan a determinados momentos, es totalmente personal. Tan sólo 5 segundos, pueden significar más de 10 años concentrados.

"Cuenta un pecado que soñaste hacer
y que no hiciste, porque acaba excluyéndome."

2 comentarios:

  1. Además que sí, son instantes que se quedan bien tatuados. Querrías estirarlos , pero como todo...¡es efímero!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Y al mismo tiempo es lo que los hace únicos! Casi siempre lo que se estira demasiado se rompe!

      Eliminar