Era una época de caos y de dolor. Eran meses muy jodidos en los que mi cabeza se estaba hundiendo por culpa de ese "suicida". Y de la nada apareciste arrasando. Envolviéndome totalmente, como si estuviese en casa. Calmando mi tortura. Serenando mi locura. Sacándome sonrisas mientras me hiptonizabas. Creo que llegamos al mismo punto de miedo y terror. De, no es el momento. Nos asustamos. Dimos marcha atrás. Pero esos ojos azules ya estaban dentro. Y cuando se entra amigo... tienes que hacer algo muy gordo para poder salir, y aún así siempre te quedas dentro. Yo soy así. Hay personas de paso, y hay personas que marcan pase lo que pase. Decenas de momentos surgieron. Cuando yo iba tu retrocedías, cuando tú venías yo me cagaba en los pantalones.
Siempre fui un hacha entendiendo las señales entre dos personas, pero siempre fui mala para adivinar las que se me hacen a mi. Pero en este caso, aunque me intento convencer de que tengo una maldita película montada entre mis ojos y los tuyos, no puede ser que todo sean casualidades ni invenciones.
Pasamos de no dirigirnos la palabra a las 3 horas siguientes no poder despegarnos en las 5 restantes, y porque no se pueden más. Nos subimos en tu coche. Y desde ese mismo momento supe que habías vuelto a encender la mecha de la vela. Ya dan igual las bandas de pasatiempo. Ya da igual todo. Acabas de revolver mi mundo. Otra vez.
Atención, risas, miradas. Y una habitación. Y dormir a centímetros de distancia. Y miedo. Y complicidad. Pero pánico. La simple estrategia de sentarnos a tomar algo y sentarnos el uno al lado del otro se convertía en un juego divertido. Qué más daba, si no estábamos codo con codo, estábamos mirada con mirada. Pero el contacto visual es algo que nos vuelve locos si no hay unas copas de por medio. Y las hubo, con sus acercamientos. Y llegó el momento de subir a la habitación. Entramos, y entre esas 4 paredes se hizo el silencio. Nos pusimos los pijamas, nos metimos en cama, y apagamos las luces. Sin un buenas noches. Con una tensión tan brutal, que no pegue ojo en toda la noche mientras tú hablabas en sueños. Y yo soñaba con que soñabas conmigo.
Pero todo cambió al día siguiente. Éramos uno. Cachondeo por parte de nuestros dos acompañantes de viaje. Y nosotros sabiendo que no había pasado nada. Pero algo pasó. Algo bueno en cierto modo. Volvimos a tirarnos un día entero juntos, con su noche entera de juerga. Hasta que me acompañaste a casa. Y volvimos a la misma sensación de mierda de siempre, de si le hubiese echado huevos igual ...
Llega el momento de las fotos, de verlas y de las ralladuras mentales. Y vuelven a llegar los mensajes indirectos directos del facebook. Siempre haces esa mierda. Y siempre que la haces pienso que es por mi. Y al mismo tiempo busco que sea por otra. Y vuelvo a cagarme una y otra vez. "Deja de darme tantos me gusta e invítame a una cerveza..." Estos estados deberían estar prohibidos. Y yo ahora no sé si alegrarme, o volverme loca, si decirle algo, si que me dé un infarto. Y como siempre, se pasará el momento (Si es que lo hay). Y como siempre me agobiaré. Y como siempre te sigo queriendo. Porque yo a ti, te quiero.
Y no me creo que no lo sepas.