viernes, 20 de febrero de 2015

Otro punto y a parte.

Lo más interesante de que pasen los años, son esos momentos, pequeños grandes instantes en los que te miras desde fuera, y te sorprendes a ti misma de lo bien que has evolucionado con el tiempo.

Cada uno tenemos nuestro carácter, nuestra propia manera de ser. Con sus virtudes y sus defectos. Sobre todo con los defectos. Y la evolución personal consiste en reconocerlos y saber afrontarlos y cambiarlos.

En las últimas semanas, estoy viviendo un caos. Pero no del tipo, todo me sale mal, y todo es una mierda. Más bien es del tipo, caos emocional, y hay que priorizar situaciones. Hoy oficialmente, me he quedado sin trabajo, después de que la semana pasada me hayan largado antes de lo que me esperaba dándome los días de vacaciones que me correspondían. El estado en el que me encuentro, se resume a una gran calma. No me siento bien ni mal, simplemente todo está en calma. Por momentos me vienen pinceladas a la cabeza, pero todavía no estoy preparada para asimilar lo que se viene ahora. Porque estoy inmersa en una completa incertidumbre. Pero no me da la gana de que cunda el pánico. En peores plazas tengo toreado.

Se da la casualidad de que todo se descontrola cuando el sujeto suicida entra en escena. Esos malditos fantasmas del pasado, que siguen apareciendo. Y te siguen haciendo más fuerte y más cabal. Y una sucesión de colegas que se vienen de vacaciones, o bien se acuerdan de ti, y hacen que hables, y cuentes una y otra vez lo mismo. Lo has contado tantas veces que empiezas a creértelo. Pero no tienes tiempo de darle ese dramatismo que se merece. Porque todo está calmado.

Creo que se trata del instinto de supervivencia llamado también "estoy hasta el carallo de todo, hasta aquí". Me refiero sencillamente a que aprendí a controlarme. A separar lo principal de lo secundario y a intentar llevarlo todo con un orden. Sin altibajos locos, un estado de "yo me lo guiso yo me lo como, y también lo digiero". Esto pasa cuando la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, y nada de lo que te ocurre es provocado por ti. Las cosas ocurren sin más. Y menos mal que pasan, igual que pasa el tiempo. Y sabes que hay momentos en los que debes dejarlo pasar sin pena ni gloria para que todo se estabilice por sí solo. Al mal tiempo buena cara, dice mi paraguas, Ese el cuál tengo que ir a buscar al trabajo donde les llevó 40 segundos largarme. Doy 10 segundos extra para no parecer exagerada.

Quizás sea fuerte si. No se cansan de repetirlo. Pero quizás también esté cansada de agobios, desprecios, malas caras y tonterías varias.

Y está demostrado científicamente por mi misma, que si disfrutas y sonríes, aunque las cosas se tuerzan, también vives. Incluso mejor.

No hay comentarios:

Publicar un comentario