Podría ser que no fuese verdad, o que realmente no fuese para tanto. Podría ser , de no ser que notas como se te rompen las entrañas, te cansas de pensar, sientes una presión en el pecho, y las sientes. Sientes como no puedes controlarlas, y caen y caen por tu cara, y no puedes ni limpiarlas, porque viene una detrás de otra. No hay sollozos, es un estallido silencioso. Duele. Realmente te duele. Y ahí, en ese preciso momento, es cuando eres consciente de lo que es querer a una persona. Y ahí sabes que es real, que no es un "es que no me quiere". No. No entiendes nada, pero sabes que está ahí, en medio de todo el caos que se creó absurdamente.
Lo tienes delante y te paralizas, te bloqueas, y no puedes dejar de mirarlo, porque necesitas sabes si te mira. Y te mira. Tanto como lo haces tú. Sería fácil pensar, si me echo tanto tiempo mirándolo, alguna vez me mirará. Pero no se trata de eso. Ojalá pudiese tener una maza para romper ese puto muro que se ha levantado bien alto. Y se romperá. Todo cuadra, todo encaja. Todo menos nosotros. Tú y yo, pero no un nosotros.
Y lo más difícil es que no hay un control posible de la situación. Somos dos bombas de relojería. De esas típicas escenas de películas en la que todo estalla, todo son gritos, y odio, que en un segundo se convierte en amor loco y desenfrenado, donde los dos se comen la boca como si no hubiese mañana. Y eso sí que es fliparse. Porque posiblemente todo quede en aire, una vez más. Y se acaban los momentos. Así que o estallamos o nos matamos. Y yo prefiero estallar, que por lo menos no me lo quedo dentro.
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