miércoles, 21 de enero de 2015

Tenemos que tomar un café un día. Pero sabemos que no vamos a hacerlo.

Son numerosas las ocasiones en las que te cruzas con alguien y acabas diciendo "a ver si quedamos un día para tomar un café". A sabiendas de que ninguna de las dos partes se acordará, o de ser así se pondrán millones de excusas. Y en el caso de llegar a quedar, será una situación totalmente forzada y por cumplir.

Lo jodido viene cuando la persona que más daño te hizo, te wassapea dos años después para pedirte perdón. Y tú te comportas de un modo diplomático. Y empieza a dar señales de vida aunque esté muerto por dentro. Y llega a darte hasta pena, recordando en todo momento que no puedes creerte ni una maldita palabra que salga de su cabeza. Y aparece esa absurda frase de "tenemos que tomar un café". Y tú te la replanteas, porque tienes un montón de dudas que esperas resolver, o simplemente escuchar en directo todo aquello que tiene que decirte. Pero ves que los meses pasan, y que te lo sigue recordando, sin fecha, porque nunca tiene tiempo. Pero siempre tiene tiempo para aparecer y rodearse de vuestros colegas en común, aquellos de los cuales rajaba, diciendo que eran gente de paso, cuando el que siempre fue de paso era él.

Y una vez más, te sientes estúpida. Tiene que ganar siempre su estúpida cobardía por culpa de sus aires de derrotado. Porque hay gente que vive de dar pena. Que no es lo mismo que no levantar cabeza. Y te cuenta mil milongas, y sabe como manipularte. Hasta que tú aprendes a manipularlo y si quieres culpa, toma siete tazas.

Las excusas para ese café te las puedes meter por el culo apretado con el que andas por ser un cobarde. 



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