miércoles, 26 de noviembre de 2014

El primer paso es reconocerlo.

El buen humor sigue presente, en cada mirada, cada gesto y cada palabra. Y lo mejor de todo, es contagioso. Siempre gusta que te asocien con muchas cosas positivas. Llevo unos cuántos días en los que he hecho un parón, para poder meditar sobre mi. Y después de unos cuantos sueños, y unos cuantos hechos hoy ha pasado algo curioso. Mi nuevo jefe tiene tres años menos que yo y la verdad que tiene un buen par de meneos. En los últimos tres meses mis ex más importantes han hecho una serie de apariciones que me provocaron un batiburrillo mental, y el decirme a mi misma, hasta aquí. Apaguemos el interruptor de los sentimientos temporalmente. Al chico de los ojos azules, que aunque no es un ex, me tenía taladrada la cabeza, también lo he aparcado.
Lo que venía diciendo es que mi jornada laboral consiste básicamente en pasar 5 días a la semana con mi jefe, mano a mano, de risas, cachondeo y por qué no ... cierto tonteo. Desde hace poco más de un mes que llevo en este nuevo trabajo, la evolución de nuestra relación ha sido brutal. Hasta el punto de que nos parecemos mucho, tenemos el mismo humor, congeniamos "demasiado" bien, y flirteamos sanamente. Al trabajar dos en una barra siempre hay unos roces, por mínimos que sean, y es inevitable que en un momento de lío, hay un roce de culo o algo similar sin malicia. Y siempre va acompañado de un perdón por ambas partes. Lo típico de cuando conoces a una persona que evitas el contacto físico por falta de confianza. Yo soy una persona muy expresiva, y como digo yo, "tocativa". Me gusta tocar cuando estoy hablando con alguien, cuando vacilo de risas. Me refiero a un toque en un hombro por ejemplo para captar toda la atención supongo. Pero ahora ya la cosa ha evolucionado, a que él me agarra de la cintura cuando quiere apartarme para pillar algo, y yo a él también claro. Son pequeños detalles, sin importancia si fuésemos colegas de toda la vida, pero se está creando una cierta tensión. Buena por supuesto. La última hora del día, como no hay mucho lío, nos sentamos cada uno a un lado de la barra y hablamos. De nosotros, supongo que por eso nos estamos conociendo más. Todos los días me pregunta qué tal estoy. Puede resultar algo absurdo, pero muy pocas personas me preguntaron a los largo de mi vida como estaba, y menos todos los días. Aunque suene a rutina, no lo es, porque no es "Hola, cómo estás?", si no que me lo pregunta  lo largo de la tarde. Yo no suelo ser la primera que se lo pregunto. Pero sí que noto mucho cuando tiene días malos, y ahí es cuando me intereso. Y evidentemente no tenemos la confianza como para contar libremente lo que nos pasa, pero hoy me lo encuentro frente a mi, sentado en la barra, contándome que no estaba en una buena época. Sin saber de qué me hablaba, le he soltado un par de frases, que le han marcado y fue como leerle el pensamiento. En ese preciso momento,se me ha quedado mirándome a los ojos y me he acordado de que esta última noche soñé con él. Y soñé que me besaba apasionadamente después de llevarme de compras a no sé dónde. Así que en ese momento no sé qué cara he puesto, pero me puse a recoger cosas por la barra, mientras él se quedó embobado mirándome. Y era ya hora de irme, así que me dijo que si quería podía irme. Le dije que no, que me quedaba un rato más. Hasta que llegó un amigo de él, y ahí si que ya dije... es la hora.
No voy a darle más importancia a esto de la que tiene. No hay sentimientos, no hay nada. Es un terreno peligroso, pero me he dado cuenta de que por mucho que yo me empeñe en ser de piedra, sí que tengo ganas de las tonterías típicas de estar con alguien rodeados de gente, y sentir que estamos solos y que nos da todo igual.
El amor ... el deseo ... y los calentones!!!

2 comentarios:

  1. Esa sensación es impagable,sea como sea y salga lo que salga Estoy contigo en que te pregunten cómo estás es esencial en el día a día y de valorar cuando andamos tan deshumanizados.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Siendo camarera, tratas con muchos tipos de gente. Está la clientela con la que vas ganando confianza y es un placer atenderlos, o bien los que se creen que eres su criada. Así que se agradece tener un buen ambiente de trabajo, del tipo de "no vamos a ser amigos del alma" pero tenemos una relación cordial y de personas.

      Eliminar